El pueblo que se destruyó a sí mismo

7. enero 2010 | Por | Categoria: Camboya, Destacados, Jemeres Rojos


PolPot5 El pueblo que se destruyó a sí mismo

Pol Pot, el hombre de la sonrisa eterna

Rim sonríe continuamente. Sonríe incluso cuando cuenta experiencias tristes, incluso cuando habla de los jemeres rojos. Las muertes en su familia y los trabajos forzados a los que se vio obligado, el hambre o el miedo continuo.

Con una sonrisa muy parecida, Pol Pot, quien aparecía siempre en público con un gesto amable, mató a casi dos millones de camboyanos (las cifras varían según las fuentes), aproximadamente uno de cada cuatro habitantes. Y es que los camboyanos son gente que, casi siempre, tiene una sonrisa en los labios.

Hoy hay ambiente festivo en Camboya. Banderas en las calles y música en las calles. Hoy se cumplen 31 años desde la caída de los jemeres rojos y las sonrisas parece que se multiplican. Es un día que sin duda se debe celebrar.

Pocos capítulos de la historia universal han sido tan atroces y al mismo tiempo tan desconcertantes como el del régimen de Pol Pot. Y digo desconcertante porque la historia nos ha hecho «acostumbrarnos» a que un pueblo aniquile a otro pueblo, pero no a que se destruyan a sí mismos y menos con la crueldad y rapidez con la que se destruyó la Camboya polpotista.

Auto-genocidio, así lo llamó el politólogo y periodista francés Jean Lacouture, con un término que encaja a la perfección.

Con su buen humor intentan hacer ver que han pasado página, aunque no tienen demasiado problema en contar cómo fue su experiencia, cuántos familiares perdieron, cuánto trabajaron o cuánta hambre pasaron. Y, a pesar de que a algunos se les pone la cara tiesa cuando lo recuerdan, la mayoría prefiere no perder la sonrisa mientras lo relatan. Es la única forma de no ahogarse en la agonía de haberse destruido a sí mismos o, más bien, de que uno de los suyos, con su sonrisa eterna, les haya destruido.

El pueblo camboyano aún sigue recuperándose del duro golpe, de una economía totalmente destruida, en la que se eliminó incluso el dinero, y de las secuelas psicológicas que suponen tantos años de guerra. Pero el camino no es sencillo, porque de vez en cuando vuelven a destruirse a sí mismos, aunque sea a pequeña escala. No cuidan su entorno, ni las infraestructuras y a menudo ni siquiera sus casas, no se paran a ayudar a alguien que está en apuros y lo peor de todo, tienen una rabia contenida que explota muy de vez en cuando pero de forma incontrolable, lo que lleva a episodios de violencia cruel, difícilmente imaginables en Europa.

El juicio que actualmente se está celebrando contra los pocos dirigentes de la época que quedan vivos supone otra oportunidad para que los camboyanos terminen de pasar páginas y quizás puedan cerrar el libro. En el recuerdo siempre quedará la rabia de que Pol Pot murió sin haber pagado por su barbarie. Por ello, aquí se clama por que se acelere el proceso para que los acusados, la mayor parte octogenarios, no mueran antes de recibir una condena, especialmente los cuatro dirigentes acusados de genocidio y de crímenes de guerra: Ieng Sary, la mano derecha de Pol Pot, Nuon Chean, número dos del régimen y principal ideólogo, Khieu Samphan, presidente de la Kampuchea democrática e Ieng Thirith, ministra de Asuntos Sociales entonces y mujer del primero. El derecho es tan paradójico que la acusación por genocidio sólo se puede aplicar a la matanza de las comunidades vietnamita y musulmana, porque cuando un pueblo se destruye a sí mismo no se considera genocidio. Pero no es menos paradójico que alguien los aniquilara con una sonrisa en los labios.

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4 comments
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  1. Qué bella descripción del pueblo camboyano.
    Después de leer el artículo no he podido por menos que rememorar los años vividos en aquel maravilloso aunque contradictorio país.

    El lenguaje utilizado es preciso y brillante, casi perfecto.
    Creo que detrás de estas páginas se encuentra una gran periodista dispuesta a dar el gran salto en cualquier momento.

  2. Una de las imágenes que aún recuerdo de mi niñez es la de un documental sobre Camboya, en particular el de un mapa del país elaborado con calaveras humanas. Desde entonces, siempre que remiten a mi mente palabras como «insensatez», «brutalidad», o incluso «estupidez» vuelve a mí la imagen de esa Camboya elaborada de restos óseos humanos.

    El contraste que elaboras con la sonrisa de Pol Pot llama a lo absurdo que resulta este capítulo de la historia; cómo el Khemer Rojo anunció su propia y retorcida visión del comunismo, ya de por sí malogrado por muchos. Lamentable, la verdad, pero alegra saber que en la actualidad la gente de este país intenta salir adelante.

    Nunca he ido. Me encataría hacerlo algún día. Me dicen que Angkor es hermosa.

    Me encanta volver a leerte, Laura. Espero seguir haciéndolo a menudo.

  3. Ese mapa del que hablas se encontraba anteriormente alojado en el S-21, el antiguo colegio que se convirtió en un gran centro de torturas de los Jemeres Rojos. Hace casi ocho años que fue desmantelado, porque decían que era demasiado macabro. No obstante, siguen exhibiendo los huesos de miles de víctimas en grandes urnas esparcidas a lo largo y ancho de todo el país. Es una forma de no olvidar, pero hay que reconocer que se te hace un nudo en el estómago cuando lo ves.

    Camboya es hermosa toda ella, especialmente las zonas rurales, así que espero que algún día te animes a venir.

  4. hola!! necesito saber como esta el juicio hoy!!2-6-2010 y como se cumple ñla sentencia y como??
    es parta la facultad asi que por favor ruego me manden al mail informacion al respecto. muchas gracias.
    millonariadeluz_533@hotmail.com