Todos los males de Camboya

27. enero 2010 | Por | Categoria: Camboya, Destacados


 Todos los males de CamboyaConocí a Thong Kham hace unas pocas semanas en Phnom Penh. Yo acababa de aterrizar en Camboya y aún había asimilado bastante poco sobre la vida diaria de este país: sus costumbres, sus problemas, sus alegrías. Sin embargo, enseguida me dí cuenta de que en Kham se mezclaban gran parte de los males que esconde esta sociedad. «Yo soy una mujer coraje», me decía en francés, con las lagrimas sobre las mejillas. No paró de llorar durante toda la conversación. Tampoco me extrañó.

Su primer gran mal, como el de la mayoría de los camboyanos de más de 30 años (tan sólo la mitad), fueron los Jemeres Rojos. Ella vivía en Battambang, entonces la segunda ciudad del país, cuando Pol Pot llegó al poder. Ella fue la única persona de su familia que sobrevivió al régimen. «Mi padre murió justo antes de la llegada del régimen y luego Pol Pot mató al resto de mi familia», me contaba. No obstante, en cierto modo se sentía afortunada ya que consiguió sobrevivir a pesar de su educación avanzada y su formación como enfermera. «La mayoría de mis compañeras enfermeras también murieron en aquella época», recuerda mientras me muestra una foto con ellas.

Tras los Jemeres Rojos pudo recomponer su vida, casarse y tener hijos. Recuperó su trabajo anterior como enfermera. Todo parecía ir bien. Entonces, uno de sus cinco hijos murió de sida, una enfermedad que corroe con especial virulencia la sociedad camboyana, que tiene la mayor tasa de infección de Asia.Poco después, su marido tuvo un ataque cardiaco y tuvo que dejar de trabajar.

El golpe definitivo lo recibió hace ya 20 años, en un día de mercado. Ese cotidiano día de mercado lo cambió todo. «En mi vida hay dos momentos, el antes y el después de ese día», aseguraba. En aquel día de mercado, Kham fue rociada con ácido. El líquido royó su carne e hizo que piel, músculo y hueso se fundieran. Ahora sólo puede ver por un ojo y escuchar por un oído y ni siqueira puede girar el cuello. Su cara está desfigurada y las cicatrices recorren su cuerpo. Ahora vive encerrada. «Nadie me quiere tocar y rechazan cuando me ven, no puedo salir de aquí». Se refería, cuando hablaba, al centro de ayuda a supervivientes de ataques de ácido en el que vive.

El único deseo de Tham es ir a Europa. «Los occidentales son amables conmigo. Me gustaría ir a Francia, porque me gusta hablar francés». No le dije que dudo que en Europa pueda encontrar la amabilidad occidental que tan idealizada tiene, ya que al menos ese sueño la mantiene con vida. Espero que algún día pueda cumplirlo, aunque espero aún más que no pase de vivir todos los males de Camboya a verse atrapada en todos los de Europa.

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3 comments
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  1. hola laura,en este caso concreto,en el ataque con ácido, hay algún paralelismo con lo que ocurre en la india?nunca antes habia sabido de nada semejante en el sudeste asiático…
    en cuanto al sida,por lo que he leido,al principio fue introducido mayormente por cascos azules en la segunda mitad de los años 90…
    quizás te interesará leer este libro: off the rails in phnom penh (amit gilboa) asia books
    es bastante crudo,como la história reciente de camboya

  2. El problema es muy similar al que se vive en India, Bangladesh (país con mayor número de víctimas en el mundo), Paquistán o Nepal. En cada uno de ellos, varía las razones y el perfil tanto de víctimas como de agresores, pero la razón principal siempre es la misma: la facilidad con la que se puede obtener ácido en estos países, ya que son utilizados en las baterías de las motocicletas o para ciertas industrias relacionadas con las materias primas, principalmente.
    En cuanto al legado de las Naciones Unidas en Camboya durante los años 90, lo cierto es que ha sido muy discutido y se les ha acusado de casi todo. No sabría decirte cuál es mi posición al respecto, me cuesta creer que hayan sido tan malos o que hayan sido completamente buenos. .
    Y apunto tu libro, intentaré encontrarlo por aquí. Muchas gracias por la recomendación!!

  3. […] piel y carne se deshace debajo del líquido corrosivo, quedando desfiguradas para siempre. Era el caso de Thong Kham, cuya historia conté hace ya algunos meses en este mismo blog.  Como Thong Kham, la mayoría de […]