Dos futuros perdidos

29. marzo 2010 | Por | Categoria: Camboya, Desarrollo


 Dos futuros perdidos

Trat es un niño que probablemente tirará su futuro a la basura. Tiene 10 años y vive en Phnom Chnnork, una pequeña aldea de la provincia camboyana de Kampot, situada a las puertas de un antiguo templo excavado en la roca que atrae a numerosos visitantes. Trat se gana unos dólares al día guiando a los turistas por las abruptas y oscuras grutas que rodean al templo.

¿Tú no deberías estar en el colegio?, le pregunto

Hoy ha llovido mucho y el profesor nos ha dicho que no fuéramos, contesta.

Entonces ¿no estás aquí todos los días?

No, no, sólo los días que no hay colegio.

Supongo que es consciente de que sé que miente. Es listo. Trat, a sus diez años, tiene un inglés impecable y chapurrea el francés con bastante gracia. En Camboya, un inglés como el suyo puede suponer unos ingresos extra de entre 50 y 70 dólares al mes, aproximadamente un tercio más de lo que podría ganar sin hablar el idioma. Si mejorara su francés sería casi una joya impagable. Pero todo esto sólo le valdrá de algo si tiene algún tipo de educación básica, la cual probablemente nunca adquirirá porque, para él y para su madre, son más golosos los dólares que puede ganar hoy que los que pueda ganar mañana.

La historia se repite en muchas zonas de Camboya, especialmente en las regiones más turísticas. Los niños trabajan de lo que sea, en parte obligados por sus padres y en parte motivados por conseguir dinero con que pagarse las clases de inglés. Muchos tienen niveles de inglés envidiables, pero ninguna otra educación adicional, así que no tienen muy claro para qué pueden utilizarlo aparte de para pedir dinero a los turistas.

Todos ellos se convertirán en niños que no podrán aportar sus conocimientos a un país que necesita de competencias internas para desplazar a los especialistas extranjeros que copan la mayor parte de puestos de alta cualificación. Serán miles de niños que, cuando dejen de ser niños, ya no podrán sacar su irresistible sonrisa y sus ojos de chico bueno para pedirle dinero a los turistas y se quedarán sin recursos. Por cada niño que sólo piense en los dólares presentes se perderán dos futuros, el del propio niño y el de toda Camboya, que no podrá beneficiarse de sus conocimientos para salir de su subdesarrollo. Es, sin duda, una pérdida demasiado grande.

pixel Dos futuros perdidos

Comentarios cerrados