El choque de civilizaciones

23. marzo 2010 | Por | Categoria: Camboya, Desarrollo, Diarios


 El choque de civilizaciones

En 1993, Samuel P. Hungtinton lanzó en un artículo titulado «¿El choque de civilizaciones?» una idea que ha impregnado la cultura occidental desde entonces. Según Hungtinton, en el mundo existen diversas civilizaciones que se encuentran en conflicto continuo y cuyos intereses y modos de ver la vida chocan irremediablemente. Aunque no nos demos cuenta, muchos vemos el mundo en términos de conflicto.

Supongo que por eso, una buena amiga mía alemana, durante mis dos primeros meses en Camboya me preguntaba constantemente: «¿Qué? ¿Ya has tenido el choque cultural?». «¿Pero qué choque cultural?», le decía. «Hay cosas que no entiendo o que me parecen sin sentido, pero choque, choque…, no tengo.»

El otro día entendí a qué se refería cuando me hablaba de choque. Lo entendí cuando crucé por primera vez la frontera con Tailandia, en un autobús. Dos kilómetros después de abandonar Camboya, ¡zas!, tuve el choque. ¡Una autopista! ¡El tren funciona! ¡Casas al estilo occidental! Y así una infinidad de cosas que llevaba varios meses sin ver. A mí no me chocó la cultura. Me chocó ver lo que puede cambiar una línea trazada en un papel, eso que llaman fronteras.

En Tailandia veo lo que Camboya podría ser dentro de unas décadas, si es que consigue emprender definitivamente el camino del desarrollo. Veo un país que conserva gran parte de sus tradiciones, con sus templos budistas, sus mercados o sus puestos en la calle, pero moderno, con gente que entiende qué es la palabra derechos humanos y que lucha por mantener su malograda democracia. Gente que se preocupa por cómo se viste o por llevar un móvil de último modelo, porque, de forma bastante generalizada, no tiene que preocuparse constantemente por cómo procurarse comida y alojamiento. Por desgracia es un pueblo que ha tomado también algunos de los malos hábitos occidentales y el racismo y la desconfianza se han extendido rápidamente, especialmente en Bangkok.

En unas horas, volveré a cruzar la frontera y me pregunto si volveré a tener el choque. Me pregunto si me diré: «por qué vosotros no podéis tener lo mismo, por qué me ponéis cara rara cuando hablo de democracia, por qué nacistéis a este lado de la frontera». «Por qué sois tan diferentes si vuestras culturas son tan similares». Será cosa de las líneas esas que dibujaron. ¿Nadie tiene una goma para borrarlas?

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