La Anna Frank de Camboya

22. mayo 2010 | Por | Categoria: Camboya, Diarios, Jemeres Rojos


 La Anna Frank de Camboya

Dicen de Bophana que es la Anna Frank camboyana. En realidad sólo lo dice el anuncio que publicita el nuevo libro de la periodista Elizabeth Becker y que cuenta precisamente su historia. Lo cierto es que ambas historias sólo comparten una cosa: que se han convertido en el símbolo de un genocidio.

Bophana era una mujer seductora, que atraía con su mirada pausada e inteligente. La primera vez que visité el S-21 esa mirada me atrajo a mí también y quise hacerme una foto reflejada en ella. Tuve la sensación de que detrás de aquella foto se escondía algo más, a pesar de que entonces no sabía ni su nombre ni su historia.

Bophana era una camboyana de provincia que consiguió labrarse una vida acomodada a principios de los años 70 gracias a su trabajo en la llamada «Maison des Papillons» (casa de las mariposas), un centro de beneficiencia para mujeres viudas. Con la llegada al poder de los Jemeres Rojos, su conocimiento del inglés y sus modales occidentalizados hacían de ella una presa vulnerable ante la psicótica utopía de Pol Pot. Una vez más, su ingenio le llevó a esquivar la muerte casándose con un antiguo amor que había pasado de ser un monje budista a un alto rango de los Jemeres Rojos.

La repentina irrupción de Bophana en la comuna de su marido, Deth, hizo sospechar a muchos sobre la verdadera relación entre ambos. Nadie confiaba en ella y comenzó a ser vigilada de cerca. El traslado de su marido a Phnom Penh para trabajar para el Ministerio de Comercio marcó el inicio de una correspondencia amorosa que les llevaría a los dos a la peor prisión de Camboya, el S-21. Cuando los Jemeres Rojos encontraron las cartas de amor, algunas de ellas con pasajes en inglés, les acusaron de trabajar para la CIA. Unas cartas que aún se conservan y que son uno de los pocos testimonios escritos por las víctimas del régimen, aparte de las confesiones redactadas después de las torturas.

La fuerza de Bophana y su negativa a aceptar todas las acusaciones que se le imputaban atrajo la atención de Duch, el director del S-21, quien determinó que ella era la cabecilla de la operación de espionaje para la CIA y que su marido sólo había sido persuadido por ella. Por ello la torturó durante cinco meses. Cuando su cuerpo fue depositado en una fosa común el 18 de marzo de 1977, Duch guardaba cientos de páginas escritas por Bophana, cada una de ellas repitiendo las acusaciones anteriores y añadiendo nuevas.

Becker hizo pública su historia en los años 80 dentro de su libro “When the war was over”, una de las piezas maestra para comprender el genocidio. Ahora le ha dedicado 80 páginas sólo a ella. “La última cosa que esperaba encontrarme en Tuol Sleng [nombre del colegio que albergaba la prisión S-21] era una historia de amor”, escribe Becker en su último libro. El director Rithy Pahn grabó su historia en camboyano en 1996 y la convirtió en un símbolo nacional.

Dentro de unas semanas, el Tribunal Internacional para los Jemeres Rojos hará público su veredicto sobre el caso que investiga la responsabilidad de Duch en las muertes del S-21. Será la última oportunidad de Bophana para se le haga justicia.

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