La humanización de un verdugo

22. julio 2010 | Por | Categoria: Camboya, Jemeres Rojos


Duch Initial Hearing 4 La humanización de un verdugo

Duch con su ex-abogado el francés François Roux./ ECCC

Nadie es totalmente verdugo. Nadie es totalmente santo. Duch, uno de los principales ejecutores durante el régimen de los Jemeres Rojos, tiene poco de esto último. Sin embargo, sus abogados, y especialmente el francés François Roux, se han empeñado en mostrarlo como un humano, que no sólo fue el verdugo; también fue una víctima.

Poco importa que entre las paredes que el gestionaba, las del S-21, el principal centro de torturas del país, fueran asesinadas al menos 12.000 personas. Él nunca mató a nadie y apenas torturó a dos personas. Él también es una víctima. «Tuvo que elegir entre matar o que lo matasen», aseguró Roux durante el juicio. Muchos prefirieron lo segundo.

Uno de los principales argumentos que ha esgrimido la defensa es que Duch no tenía capacidad de decisión. Era sólo un ejecutor, eficaz y obediente, pero no un autor intelectual. «Hay que ser lúcidos: no podemos hablar todo el rato de un reino de terror y al mismo tiempo pensar que podía haber autonomía en este sistema», aseguró Roux al diario Libération en una entrevista publicada durante los últimos días de la vista oral. Cuando estás en el S-21 y escuchas la resonancia de esas paredes, donde los ruidos pueden ser difícilmente disimulados, no puedes evitar preguntarte cómo se puede ser tan obediente mientras se escuchan los gritos desgarrados de 12.000 torturados. Uno tras otro, Duch los escuchó todos.

«No hay que olvidar la fuerza del adoctrinamiento del Partido Comunista de Camboya» decía Roux en la misma entrevista. «Toda persona perdía su identidad, era deshumanizado». En eso estamos de acuerdo.

La guinda de la humanización de Duch orquestrada por sus abogados fue el arrepentimiento. Un vergudo, un villano, un humano no humano, no puede pedir perdón, porque no tiene sentimientos. Y Duch pidió perdón nada más comenzar su juicio. «Soy el único responsable de la pérdida de al menos 12.380 vidas. Y pido perdón de la forma más respetuosa y humilde por estas almas muertas», dijo Duch. La mayoría no le creyó.

Y aunque le hubieran creído. ¿ Es un perdón suficiente?

François Bizot,  prisionero de Duch durante tres meses en 1971, también le puso un rostro humano a Duch en su libro El Portal, donde relata su cautiverio. Bizot, sin embargo, retrataba un hombre inestable, de humor cambiante y muy agresivo. Y que reconocía las torturas:

«La única manera es aterrorizarlos, aislarlos, hacerles pasar hambre. Es muy duro. Me obligan a ser violento. No te imaginas cómo sus mentiras me sacan de quicio. Cuando los interrogo y ellos recurren a todas las estratagemas para no hablar, privando así a nuestro comandante de informaciones quizá capitales, entonces, yo pego. Yo pego hasta perder el aliento».

Ahora Duch se enfrenta a una pena máxima de cadena perpetua, aunque sus abogados han tenido la osadía de pedir la absolución. Conocerá su sentencia el lunes. Roux, sin embargo, no parece haber humanizado a Duch suficientemente bien y el camboyano ha decidido deshacerse de su abogado francés a dos semanas de la sentencia. Ha sido un buen intento, pero con antecedentes semejantes, no hay quien humanice a un verdugo tan eficiente.

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One comment
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  1. Sólo quiero dejar una propuesta:
    Cadena perpetua, para esta cosa con ojos y gafas, pero que no se olvidaran en dicha condena de oír durante toda su vida continuamente los gritos desgarradores de sus victimas, seguramente con el tiempo llegaría a ser victima como dice ése abogado defensor suyo.
    Por favor que el tribunal me oiga, sólo pido éso que se apiade de todos nosotros, que sí somos humanos.