Dura vida sobre ruedas

28. septiembre 2010 | Por | Categoria: Camboya, Diarios


 Dura vida sobre ruedasSok Vanna tiene 50 años y lleva pedaleando en su ciclo durante los últimos 26. Es uno de los pocos que quedan. Su número se ha reducido a algo más de mil, cuando en las calle de Phnom Penh solían circular más de 9.000 en los años noventa. Las motos y los famosos tuk-tuk han acabado con ellos, por ser más rápidos y más seguros entre el intenso tráfico camboyano.

He de reconocer que sólo he utilizado los ciclos una vez y me desesperé por la lentitud con la que avanzan. Sufres además viendo caer sus gotas de sudor bajo el ardiente sol camboyano de mediodía. Son más baratos que las motos, pero su gran esfuerzo les hace merecedores de mucho más.

Phnom Penh no sería lo mismo sin ellos, aunque su futuro esté abocado a reproducir la situación de Ho Chi Minh city, donde han quedado relegados al turismo. Hace ya unas semanas, me reuní con Im Sambath, presidente de la Asociación de Ciclos de Phnom Penh. «Los ciclos están desapareciendo. Los conductores son viejos y no hay jóvenes para reemplazarlos. Y no tienen clientes. Cada uno puede tener entre 5 y 7 clientes al día. Con eso no les da», decía.

Cada carrera sale a aproximadamente medio dólar, dependiendo de la distancia recorrida. Eso daría unas ganancias de entre 2 y 3 dólares diarios. Sin embargo, la mayoría de los conductores alquila su ciclo, por el que pagan medio dólar al día, o,75 céntimos si deciden quedarse a dormir en el centro preparado para ellos. Comprar uno, de segunda mano, les costaría unos 60 dólares, «Ni siquiera tienen esos 60 dólares», asegura Sambath.

Otros se quejan de que la policía les hace pagar comisiones para poder esperar a sus clientes. «Sólo si tenemos clientes fijos podemos ganar algo más, pero la policía nos pide dinero por estar en los mercados», asegura Vanna. Así que muchos han decidido pasarse a las motos, como Pom Sokheang, quien hace un año dio el cambio. «Ahora gano más dinero que antes y el trabajo no es tan duro», asegura.

 Dura vida sobre ruedas

cyclo2 pt 200x300 Dura vida sobre ruedasLa asociación les proporciona asesoramiento y cursos de inglés para poder hablar con los turistas (en lo que, de momento, no han avanzado mucho). Tienen además programas para dejar de fumar y para ayudarles a ahorrar. Planean también lanzar un sistema de alquiler de ciclos a 0,25 céntimos de dolar. Pero sobre todo, desde la asociación gestionan las salidas en grupo con turistas, lo que supone una importante fuente de ingresos para ellos. «Hoy tenemos un grupo de 30 turistas. Cada uno paga unos ocho dólares por la jornada», asegura satisfecho Sambath.

Por desgracia para ellos, los tiempos cambian y cada vez habrá menos ciclos en las calles de Phnom Penh. Se perderá un elemento genuino, que ya no tiene sentido en una ciudad que se amplía a veloces pasos. Probablemente sólo los más nostálgicos los echen de menos y sus antiguos conductores, que se verán en la disyuntiva de saber qué hacer con sus vidas.

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7 comments
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  1. El problema que veo aquí es que los ciclos no solucionan un problema real hoy por hoy. Hay formas mucho mejores de transporte. Supongo que al igual que Vietnam, la gente está empezando a motorizarse. Tu destacas los problemas principales: son lentos y da un poco de sensación rara ir sentado mientras el pobre hombre suda. No conozco la situación tan a fondo como tu, pero creo que es ley natural que lentamente desaparezcan. No parecen tener lugar en una ciudad moderna y estresada.
    Aunque la apuesta por el turismo es una grandísima oportunidad y deben aprovecharla. A los extranjeros nos encanta ver «lo típico».

    Fantástico blog y gran investigación. Y muy buenas fotos. Buena suerte en el concurso. Un empujón más.

  2. Aquí están motorizadísimos ya y más en Vietnam, jeje. Es cierto que son prescindibles y yo no soy de las que hace apología de mantener lo antiguo cuando hay cosas que avanzan a no ser que sigan teniendo algún beneficio. Hoy por hoy, sólo le veo uno, que contaminan mucho menos y en un país sin transportes públicos y tanto coche el aire puede ser asfixiante. Pero eso ellos aún no lo entienden.

  3. En Vietnam sufría viendo a los ciclos pedalear. El tráfico, el calor, la humedad… es un trabajo muy duro. Pocas veces usé un ciclo (aunque son perfectos para las mudanzas, baratos y puedes llevar de todo), y siempre me han producido sentimientos encontrados.
    Por un lado reconozco que no son los más rápidos para moverse por la ciudad, por otro no usar sus servicios significa condenarles a la desaparición. Y reconozco que se me haría muy raro imaginar un Vietnam sin ciclos. Me parece que yo soy uno de esos nostálgicos…

  4. Mis prejuicios de turista me hicieron sentir culpable la primera vez que subí en un ciclo en Delhi. Luego empecé a verlo de otra manera. Los conductores suelen proceder de zonas rurales y se ganan la vida con este trabajo mal pagado, pero mejor que otros a su alcance. Para distancias no muy largas tienen la ventaja de que son silenciosos, no contaminan y ayudan a ver la ciudad como si fuéramos dando un paseo.
    Aunque normalmente cobran más a los extranjeros que a los locales sigue siendo baratísimo. La mejor manera de combatir la mala conciencia por ver a una persona sudar tanto para llevarnos a nuestro destino es ser muy generosos en el pago. Normalmente uso el ciclo-rickshaw y pago lo mismo que si fuera en un moto-rickshaw además de redondear muy al alza (regateo con ellos por mero trámite y sin el menor convencimiento). Así nos quedamos todos encantados; yo porque he sacrificado un poco de comodidad a cambio de ir a un ritmo más agradable y ellos porque a veces recaudan en esa carrera más que en toda una jornada de trabajo.
    Mejor que la compasión es gastarnos el dinero sin mucho miramiento, que a veces me encuentro con algunos turistas que son «supersolidarios» y luego te dicen que no dejan propina por una cuestión de principios, aunque saben que en algunos casos esa propina cambia el color del día a quien la recibe.
    Invito a los que no tengan prisa a usar los ciclos y sobre todo …. a pagar lo que crean que vale.

  5. En realidad, Manuel, yo creo que hay que tener mucho cuidado con nuestra «solidaridad». Que tú pagues un poco más en una carrera probablemente sólo le dará un buen día al hombre que te ha llevado, que vengan detrás de ti otros 400 turistas a hacerlo llevará a una consecuencia inevitable: la subida de precios.
    Lo peor es que esta subida de precios no está de acuerdo al incremento del salario de los lugareños, sino al dinero de los turistas, por lo que al final los que viven allí se quedarán sin la posibilidad de utilizar los servicios que antes sí podían usar. He visto, en serio, tuk tuks y moto dop rechazando a camboyanos sólo porque yo estaba delante y esperaban una tajada más jugosa de mí ¿de verdad les estamos haciendo algún bien? Yo creo que no.

  6. Tienes razón, Laura. No creas que no he pensado muchas veces en los perjuicios del turismo. Yo también he visto rechazar a usuarios locales en favor de turistas. En contra de lo que puede desprenderse de mi comentario anterior, no me considero nada «solidario» cuando viajo. Tengo una especie de código deontológico:
    Nunca doy dinero a los niños, nunca pago por una foto, negocio con firmeza el precio de las cosas, si quiero comprar fruta en un puesto callejero observo a otros compradores para conocer el precio real, solamente doy dinero a los que piden si veo que la gente del lugar también lo hace y siempre fuera de áreas turísticas, en fin, intento que mi paso por los sitios que despiertan mi interés deje la menor huella posible.
    He visto dar prioridad a los extranjeros para usar un taxi que otros estaban esperando antes, pagar a un conseguidor para evitar las largas colas de entrada a un monumento, negar habitación a mi acompañante porque sólo querían alojar a turistas, desalojar una mesa para sentar al que parece que va a gastar más. Nunca me he prestado a esos juegos vergonzosos.
    Pero todos tenemos nuestras debilidades. Los mal pagados conductores de ciclos, por ejemplo. Los veo dormir en el callejón, con todas sus pertenencias contenidas en una bolsa pequeña colgada de la pared. Tienen mucho trabajo y no precisamente con los turistas. Si acaso, el turista se sube una vez y no suele utilizarlo mucho más. Descarto a los que acechan en las inmediaciones de los hoteles. Así que pienso que mi gesto aislado no va a cambiar el mundo.

  7. jajaja, qué razón que tienes. Yo también tengo mis debilidades, especialmente las ancianitas. Me niego a negociar nada con ellas, me tienen ganada desde el principio, jajajaja.