Una vida sin luz

21. diciembre 2010 | Por | Categoria: Destacados


 Una vida sin luz

Es curioso lo normales que nos parecen ciertas cosas que en realidad son casi un lujo. Hasta que no llegué a Camboya no me di cuenta de lo esencial y al mismo tiempo costosa que puede ser la electricidad, de la complejidad asociada a un simple movimiento de la mano para encender la luz. Hasta que no empecé a tener cortes continuos, a andar por calles oscuras y a pagar la electricidad mucho más cara de lo que nunca la había pagado no empecé a darme cuenta de que la luz no es algo evidente. Ahora empiezo a ponerme nerviosa en cuanto veo cosas encendidas y me enoja ver los monumentos iluminados mientras las calles se pierden entre las tinieblas.

 Una vida sin luz

Para otros, tener luz es aún menos sencillo (al fin y al cabo yo vivo en una ciudad) y tener unas simples bombillas en su casa pueden cambiar su vida. Es lo que le pasa a Ok Yon y Yey Pok, dos ancianas que viven en una pequeña pagoda en medio de un arrozal en el centro de Camboya. Cuando me asomé a la escalera de su casa y les pregunté por la luz, las dos se levantaron como locas a encender y apagar las luces. Pleung, pleung (luz, luz) me repetían todo el rato. Ellas tienen suministro estable desde hace tan sólo cuatro meses, cuando una ONG les colocó un panel solar encima del tejado. Estos paneles se están convirtiendo en una alternativa interesante para zonas alejadas donde no llega la red eléctrica, en un país en el que además cada kilowatio cuesta una fortuna. Esto ha hecho, por ejemplo, que los ciudadanos tengan una gran concienciación sobre el ahorro de energía y que sea casi imposible ver una bombilla que no sea de bajo consumo.

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El principal inconveniente de los paneles solares es su elevado precio (entre 500 y 800 dólares por un sistema muy básico, algo impensable para un camboyano) y que requieren de cierto mantenimiento que pocos de ellos comprenden. Puede ser sin embargo una de las soluciones más sostenibles para un país que se desarrolla rápidamente y que está hambriento de electricidad barata.

La otra sería la construcción de presas en el Mekong y la destrucción de uno de los ecosistemas más ricos del mundo. Una solución, esta última, no deseable para casi nadie ya que supondría una merma importante de peces, de cuya pesca depende buena parte de la economía del país.  Mucho tendrá que desarollarse, sin embargo, la energía solar para que Camboya renuncie a la luz barata producida por su poderoso río.

 

 

 

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One comment
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  1. Efectivamente, ése pequeño gesto de encender o apagar un interruptor, sabiendo que es un gesto normal de la vida cotidiana.
    No nos podemos olvidar de éstas y muchos más gestos que se hacen en todo el mundo como normales.
    Por éso siempre digo que es conveniente, tener a personas como tú, que inundes nuestras conciencias para que aunque sea «predicar en el desierto», es muy importante que nos lo recuerdes, al menos cuando discutamos con el vecino por molestar por una tontería, pensemos en estas cosas, que sí son importantes para muchas personas.
    Gracias Laura, de nuevo te felicito por tu valor de estar ahí y contarlo.