Koko

30. enero 2011 | Por | Categoria: Birmania, Destacados


koko KokoKoko es un torbellino. Con su pequeño cuerpo de cinco años, corre sin parar y se cuelga por todos lados. Es ajeno, o quizás no, a su condición de inmigrante ilegal en un pequeño pueblo tailandés, en la frontera con Birmania, su país natal. Se calcula que, como su familia, entre 2,5 y 5 millones de birmanos (la primera es la cifra que da el gobierno de Bangkok, la segunda la que barajan muchos especialistas) han huido a la vecina Tailandia escapando de luchas étnicas y de la represión de la dictadura.

Al otro lado de la frontera les espera un panorama poco mejor. Abusos, trabajo inestable, amenazas de la policía, sueldos míseros… Soho community, el pueblo donde vive Koko, no es una excepción. Las pequeñas casas de bambú y hojas de palma se yerguen insertas entre los campos de flores y hortalizas que los inmigrantes cultivan por unos 80 baths diarios (unos 2 euros). En sus mentes, siempre está el volver a la tierra donde un día crecieron. “Me gustaría volver, pero allí no hay oportunidades”, aseguraba Wai, una robusta mujer que había parado unos minutos de cortar rosas para ir a comer.

Las pequeñas casas tradicionales y los caminos de barro de Soho community se encuentran a pocos kilómetros de la bien asfaltada Mae Sot. Mae Sot, el centro de una nutrida comunidad de exiliados birmanos que se dividen en dos grupos, los inmigrantes ilegales, como Koko y su familia, y los refugiados, confinados en una decena de campos que salpican la frontera.

La elección entre uno u otro no es sencilla. Ser refugiado asegura un medio de subsistencia, pero les deja sin libertad de decidir, de trabajar, de empezar una nueva vida. Se quedan en una especie de letargo, esperando a volver a su país cuando la situación sea propicia. ¿Será alguna vez propicia? Ser inmigrante ilegal asegura abusos por parte de empresarios y policía, entre otros, pero al menos les da cierta libertad.

Esta doble realidad la conoce bien la ONG española Colabora Birmania, gracias a la cual conocí a Koko. Yo, tan escéptica que soy con las ONG, vi un proyecto hecho con bastante sentido (especialmente por la población a la que se dirige) que ayuda a personas que se encuentran en este limbo legal, proporcionando principalmente educación a niños como Koko. Niños que en muchas ocasiones son apátridas, de padres birmanos pero nacidos en Tailandia, y que no son reconocidos por ninguno de los dos países. Niños que otras tantas veces se quedan al desamparo de sus padres, quienes no pueden ocuparse de ellos, o que simplemente no tienen derecho a una educación porque son ilegales.

Cuidar a la nueva generación es fundamental para superar un conflicto. Ellos serán la nueva Suu Kyi, ellos tendrán que seguir la batalla de sus padres no sólo para acabar con la brutal dictadura birmana, sino para conseguir una estabilidad en la guerra civil étnica en su país.  Ellos, incluido Koko, serán la clave para construir un país del que no tengan que huir. O al menos eso espero…

pixel Koko

2 comments
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  1. Hola!!!

    ¿Cómo estas??, tanto tiempo sin pasar por aquí, siempre encuentros artículos más que interesantes…..
    Que vida interesantes que tenes, espero que realmente estés cumpliendo tu sueño, cada vez veo más serca el mio, eso de recorrer Argentina en motorhome, falta, pero ya veo un puntito, jijijiji

    Un abrazo de oso.

  2. Hola, me parece muy interesante tu blog.
    Voy a ir a vivir a Phnom Penh dentro de poco y me gustaría contactar contigo. Enviame un e-mail, vale?