Una venganza que se escribe con ácido

24. febrero 2011 | Por | Categoria: Camboya, Conflictos en Asia


(Este es otro de los artículos que han sido descolgados de internet y que no quería que se perdiera. Lo publiqué en Analítico en febrero de 2010)

Actualización: en diciembre de 2011 se aprobó una nueva ley para castigar con mayor dureza los ataques por ácido en el país. Sin embargo, la primera sentencia no llegaría hasta finales de enero de 2013, por la que un hombre fue condenando a 5 años de prisión y una multa de 2500 dólares por rociar a su ex-mujer con ácido.

IMG 32604 Una venganza que se escribe con ácidoKio Srey se toca constantemente las cicatrices de su brazo, como si no acabara de creerse su propia pesadilla. Mientras, mira tímidamente a su alrededor con unos ojos descompuestos por un litro de ácido que desfiguró gran parte de su cuerpo hace ahora un año. “Mi cuñado quería vender a mi hija y yo me enfadé, no quería. Me enfrenté a él y se vengó rociándome con ácido”, cuenta. En el ataque, resultaron heridas otras cinco personas.

Kio Srey sólo es una de las 19 víctimas registradas en Camboya durante el año pasado, un país en el que se ha acentuado el problema durante los últimos meses. “Los ataques con ácido son un problema creciente en algunos países del sur de Asia, donde se utilizan a menudo como venganza”, asegura Ziad Samman, coordinador del Cambodian Acid Survivors Charity (CASC), un centro de ayuda a supervivientes de estos ataques en Camboya.

Cada año se estima que hay más de 500 víctimas en el sur de Asia, aunque el número exacto es imposible de conocer, ya que no hay estadísticas oficiales. Los índices más elevados se registran en Bangladesh, India, Paquistán, Malasia, Camboya y Nepal. Hong Kong ha escalado posiciones rápidamente durante el año pasado, con un tipo de ataque que comienza a preocupar a la población: el ácido vertido desde lo alto de los edificios en zonas con mucha afluencia. Desde diciembre de 2008, se han producido seis ataques de este tipo que han herido a más de cien personas.

Los ataques por ácido son a menudo actos de venganza por problemas maritales, envidias, separaciones amorosas o disputas económicas. Muchos también se producen por accidentes y por un mal uso del ácido. En países como Bangladesh o Afganistán están relacionados con la violencia doméstica. “El objetivo no es matar a la persona, sino que todo el mundo pueda ver que ése es el castigo por haber hecho algo malo. Y la gente se lo cree, piensan que se merecen ese castigo y se les aísla de la sociedad”, relata Samman.

Así se siente Thong Kham, encerrada en un cuerpo desfigurado. “No puedo salir a la calle, nadie quiere mirarme ni mucho menos tocarme”, asegura. Llora sin parar al recordar su experiencia; casi 20 años después, aún no es capaz de comprender el porqué. “Yo sólo fui al mercado como cada día. Una mujer se sentó a mi lado y de repente sentí como algo caía encima de mí. Me quemaba. Yo no entendía nada. No sabía qué estaba pasando”, cuenta. Kham recibió un ataque que no iba dirigido a ella. Como resultado perdió un ojo, una oreja y toda movilidad del cuello, además de tener el cuerpo lleno de cicatrices.

IMG 3270 Una venganza que se escribe con ácidoLa facilidad con la que se puede conseguir el ácido en los países asiáticos ha hecho que este tipo de ataques haya aumentado durante los últimos años en el continente. En general, el ácido puede encontrarse en los mercados a precios bajos, ya que son utilizados en las baterías de las motocicletas. Hay además una alta incidencia en las zonas donde hay industria del caucho, donde también se utiliza este producto en el tratamiento de la resina. Conseguir un litro de ácido ronda entre los cincuenta céntimos y el euro en la mayor parte de los países del sur de Asia.

A esta facilidad en la compra se une la indefinición jurídica en la que se halla este delito en Asia, lo que hace que muy pocos agresores sean condenados por su ataque. Sólo Bangladesh lo ha regulado, imponiendo en 2002 la pena de muerte. Desde entonces, la cifra ha descendido de unos 250 casos anuales a 180, aunque sigue siendo la más alta del mundo. Además, las víctimas, generalmente pobres, tampoco tienen los medios necesarios para llevar sus agresiones ante la justicia. “Lo que realmente hace falta es un control previo de quién vende ese ácido para que lo haga de una forma responsable y un cambio en las leyes para que las personas que han cometido estos crímenes paguen por lo que han hecho”, asegura Samman.

Sin embargo, Thong Kham ya ha perdido la esperanza. No ve una salida al problema en Asia y sólo desea viajar a Europa. “Los occidentales son amables conmigo. Con ellos no me tengo que esconder”, asegura con un esbozo de sonrisa en los labios.

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