Japón y los medios

19. marzo 2011 | Por | Categoria: Destacados, Japon


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Un soldado coge en brazos a un bebé superviviente del tsunami./AFP

Desde que, hace una semana, un fuerte terremoto sacudiera Japón y un tsunami destrozara parte de la costa nororiental, el país nipón ha sido el centro informativo para los medios internacionales. Se ha seguido minuto a minuto el balance de víctimas, los destrozos en varias localidades, la situación en Tokio y, sobre todo, los problemas en la central de Fukushima. Y los que viven allí dicen que se han pasado…

A los pocos días del seísmo, varios españoles residentes en Japón se quejaban de la cobertura sensacionalista que se estaba dando en los medios occidentales, especialmente los españoles (no creo que haya sido peor que en otros países pero es obvio que les afecta más porque la información llega a sus familias). Se quejaban principalmente de que habían dibujado una situación en Tokio que no era real y negaban que la comida o el agua escasearan o que los cortes de electricidad fueran frecuentes y no quieren saber nada de testimonios tipo «aquí todo está bien».

Es cierto que la información ha tenido fallos, como los tiene probablemente siempre. Yo misma me he sentido perdida al leer algunas crónicas sobre la situación en las centrales, hasta el punto de que a menudo no me quedaba claro si había fugas o no en los reactores. Es cierto también que los medios a menudo han exagerado o, simplemente, han contado la parte de la historia que se salía de la normalidad, aunque no fuera algo general.

Hay muchas razones que hacen que la información sea así de imperfecta. La primera son las prisas a las que estamos sometidos los periodistas. Cuando se trata de catástrofes como la de Japón, las dificultades para acceder a los sitios y obtener información se añaden a nuestro editor llamándonos cada 15 minutos para ver si hemos acabado ya.

Sin embargo, hay dos variables que suelen ser más determinantes. La primera es que los medios son empresas y como tal buscan el mayor rendimiento económico. Para ello, priman la carnaza porque saben que eso suscita el interés.

La segunda es que la mayoría, por no decir que todos, nos mentís como bellacos. Cada uno cuenta su historia como más le interesa, le añade sus florituras y a veces capítulos que realmente no han ocurrido. Los gobiernos son expertos en eso y por eso, siempre hay que desconfiar de ellos, incluido el japonés, aunque el resto de partes implicadas no suele estar libre de pecado.

No voy a defender a los medios, porque yo también estoy muy desencantada con ellos. No sólo en casos como el de Japón, sino en el día a día. Hay historias que ningún medio quiere publicar y que creo que merecerían una buena portada y otros que, al menos a mí, me parecen una estúpidez, pero me piden que los haga. Pero no veo una solución a esta baja calidad del periodismo si no es con un lector/espectador más exigente. Y francamente, con estos últimos también estoy muy desencantada.

¿Qué pensáis? ¿Han sido demasiado alarmistas los medios? ¿Han ayudado a entender los peligros de un accidente nuclear o a crear confusión? ¿Han actuado todos igual?

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4 comments
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  1. Laura, gracias de nuevo te doy por tenerme informado de esta manera tan auténtica, al menos a mí me lo parece.
    Siempre he dicho que los periodistas, teneís que contar los hechos con descarnada objetividad.
    Creo que desde que te sigo en tus comentarios, eres eso que yo llamo, auténtico, que dices las cosas de verdad y a veces duelen, pero son verdad.
    Gracias, sigue así, al menos este lector te lo agradece.
    Javier Marcos

  2. Laura, preguntas qué pensamos y te daré mi opinión.
    No se puede decir que los medios hayan sido demasiado alarmistas porque la situación es realmente tremenda. Lo que sí se puede decir es que demasiadas veces la prisa es simplemente una excusa para la tergiversación o directamente para el engaño.
    La prisa a la que están sometidos los periodistas puede hacer que la información sea inexacta. Este argumento se utiliza con demasiada frecuencia para justificar lo que son manipulaciones interesadas más que inexactitudes comprensibles en el ejercicio de una profesión que requiere prontitud.
    El negocio es lo que importa y si no basta con la enorme tragedia que sufren en Japón, se adereza con historias inventadas. Si una foto de una multitud presurosa en una estación de metro se utiliza para afirmar que cientos de ciudadanos intentan abandonar Tokio ante el riesgo nuclear inminente y resulta que lo que intentan en realidad es llegar a Tokio después del trabajo con la mayor rapidez posible antes de que se produzca el corte de suministro eléctrico previamente anunciado, no podemos decir que el «error» es producto de la prisa del periodista. Como la noticia pretendía hacernos ver que se estaba produciendo una huida masiva, la foto venía bien y se utilizó sin escrúpulos para ilustrarla. Este ejemplo es comentado hoy en la sección de la defensora del lector en el diario El País porque un lector español protestó ante la manipulación. Él se percató, pero otros miles de lectores pensaron ese día que los tokiotas salían en estampida de la ciudad… y el periodista sabía que no era cierto. ¿Error o maquillaje de una realidad horrible para hacerla más vendible?
    Cada vez hay que leer los periódicos con más reservas. Todo se convierte en espectáculo y el espectáculo es muy exigente.

  3. Javier, muchas gracias, la objetividad, la verdad, la realidad son conceptos bastante etéreos que por mucho que nos empeñemos son casi imposibles de alcanzar.

    Manuel, lo que comentas encaja perfectamente en lo de «el medio es un negocio» y por eso había separado ambas en la argumentación. Las prisas llevan a errores a veces menores, otras no tanto, pero que suelen tener más que ver con datos concretos o con, por ejemplo, no poder visitar cada tienda de Tokio para ver si efectivamente hay escasez de alimentos, por lo que nos quedamos con la primera impresión.
    El sensacionalismo tiene sin embargo que ver con el modelo de negocio del medio y muchas veces no parte del periodista (especialmente en casos como éste donde el tema ya está «vendido»), sino del editor, que probablemente también sea un periodista pero que en ningún caso está allí donde se produce la noticia. Porque a nosotros nos cambian textos (aunque suele ser lo menos frecuente), titulares y en general no elegimos las fotografías ( a veces las proponemos), por lo que muchas veces el resultado final difiere bastante de lo que habíamos enviado. Aunque, siendo sincera, sé que muchas veces también parte del periodista, pero es imposible saber cuándo, al menos en prensa escrita.

    Pero yo sigo insistiendo en la parte del lector. Hay muchos periodistas dispuestos a hacer un periodismo más pausado, con historias diferentes, en profundidad, con investigación, incluso a tirarse tres años con el mismo tema sólo para tener una visión global del problema. El lector y/o espectador se queja a menudo de que nadie hace esto pero en el día a día no lo valora y se pasan el día leyendo información espectáculo. Me parecen bien las quejas, espero que tengan algún tipo de repercusión en la forma de actuar de los medios, pero no me parece normal que los temas banales copen casi siempre las primeras posiciones de los más leídos en los periódicos digitales. Esto es como lo de La 2 y GH, todo el mundo ve La 2, nadie ve GH, pero las cuotas de share son las que son.

    Por cierto, no creo que el espectáculo sea menor de lo que era antes, sólo que ahora, por fortuna, los lectores cuentan con otros medios para contrastar la información.

  4. Laura, gracias por tu respuesta tan llena de contenido.
    No es mi intención cuestionar la honestidad de los periodistas a la hora de hacer su trabajo. Por el contrario creo que son los primeros damnificados de esta ola de periodismo-espectáculo que a menudo degrada su labor.
    Desconozco los entresijos de la profesión, pero como simple lector veo los resultados del interés por hacer la noticia más «atractiva».
    La responsabilidad de los lectores, oyentes o espectadores en esta degradación de los medios de comunicación es fundamental. Está claro que si el sensacionalismo o la televisión basura no consiguiesen esas altísimas cuotas de seguidores dejarían de ser negocio y de ocupar esa posición dominante en los quioscos y sobre todo en la tv.
    Hay una realidad de la que en ningún caso se me ocurriría responsabilizar a los periodistas y es que la interesantísima revista Dossier de La Vanguardia, por ejemplo, casi no interesa a nadie y creo que se publica más por amor a la información que por el que imagino exiguo rendimiento económico. Si los productos de ínfima calidad acaparan la atención de la mayoría en los quioscos y televisión, sobre todo en la televisión, el principal responsable no es otro que el receptor. Considero imprescindible para una sociedad madura contar con un periodismo de calidad. Pero no sé si vivimos en una sociedad madura o en un patio de vecinos chismosos que es en lo que parece que se ha convertido España en los últimos años si es que no lo fue siempre. Oír en el bar o en el trabajo a mis compañeros debatiendo apasionadamente sobre las pormenores de personajes de la prensa rosa o de los realitys que nadie reconoce ver es muy revelador. El poder de atracción de la tele es muy fuerte, pero la capacidad de decisión del individuo sobre lo que quiere o no quiere ver lo es más o debería serlo.
    Las carencias de mi escasa formación académica las han suplido en la medida de lo posible periodistas y escritores. No me gustaría dar la impresión de ser un desagradecido.
    Sobre lo que afirmas en el sentido de que el lector/espectador no valora un buen trabajo periodístico de investigación, por desgracia estamos de acuerdo. A veces me parece que la mayoría leen el periódico que más se ajusta a su tendencia política simplemente para repetir como loros las consignas del día contra el adversario. El interés por estar informados parece secundario.
    Incluso las mejores publicaciones tampoco lo ponen fácil. Ves que muy a menudo defienden lo indefendible porque es «lo que toca». Pero ese es otro tema.

    Como afortunadamente sí hay periodistas que hacen un trabajo digno empleando la cabeza y el corazón, podemos sobrevivir. Sobre todo este invento de internet es una gozada por permitirnos acceder a otras cosas sin necesidad de contar con los grandes grupos de comunicación. Puede que nunca la independencia del periodista haya contado con una herramienta tan eficaz.

    Por algo lo que haces en este blog me parece tan interesante.