La última morada de Ta Mok

12. marzo 2011 | Por | Categoria: Camboya, Destacados, Jemeres Rojos


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Ta Mok era uno de esos tipos con los que es mejor no cruzarse. François Bizot, en su Portal, lo describe como un  sanguinario, a pesar de haberlo visto sólo en un par de ocasiones. A su lado, Duch, quien fue su carcelero durante tres meses y después director del principal centro de torturas del país, era poco menos que un principiante. Supongo que no será en vano que, con el sangriento balance del régimen de los Jemeres Rojos, fuera él quien se llevara el apodo de “El Carnicero”.

Es curioso viajar a través de Camboya y ver las leyendas que iba dejando atrás. En la provincia sureña de Takeo, donde nació y vivió, se dice que Ta Mok ordenaba matar a todos los obreros que trabajaban en su casa cada vez que se terminaba un piso o sección. Así evitaba que nadie pudiera conocer el edificio, evitando que le tendieran una emboscada.

Su última morada, en Anlong Veng, al norte del país, parece mucho más apacible que la de Takeo. La habitación principal  mira hacia una extensa planicie salpicada de árboles secos que se reflejan en el agua estancada. Es sin duda una bella estampa.

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“Ahí es donde tiraba los cadáveres”, me dice mi compañero camboyano leyendo los carteles de la pared escritos en jemer. Hay momentos en los que es mejor no tener a alguien que traduzca…

Tras la caída de los Jemeres Rojos en 1979, el norte de Camboya se convirtió en la base de los principales líderes del régimen, muy especialmente de Ta Mok y Pol Pot. Sin embargo, este segundo, que había sido el Hermano Número Uno durante muchos años, fue cayendo en desgracia y Ta Mok se hizo fuerte en la región.

Así se convirtió en el Jemer Rojo más fuerte durante la guerra civil que siguió asolando Camboya otros veinte años más. Desde su apacible casa, controlaba Preah Vihear, el templo que los tailandeses no se atrevían entonces a reclamar (o no les interesaba más bien), y el tráfico de todo lo que por allí pasaba. Se dice también que desde esa casa ordenó la muerte de Pol Pot, a quien había juzgado poco antes por el asesinato de otro alto líder.  

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La radio de los Jemeres Rojos delante de la casa de Ta Mok.

Ta Mok murió en 2006 mientras esperaba para ser juzgado por el Tribunal Internacional contra los Jemeres Rojos. “Él quería decirle a todo el mundo que nunca había matado a nadie”, dijo su abogado poco después de su muerte. Quizá quería convencerse a sí mismo para que no le persiguieran esos fantasmas que según la cultura camboyana siempre andan rondando allá donde murieron. Probablemente ver este apacible atardecer cada día le ayudaba bastante.

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El norte de Camboya es una de las zonas menos visitadas del país y, sin embargo, es probablemente una de las más bonitas (a mí me gusta especialmente). El gobierno ha comenzado una campaña para recuperar la zona y hacerla atractiva al turista. Más allá de ser interesante por los enclaves que dejaron los últimos Jemeres Rojos, es una zona con templos muy interesantes como el de Preah Vihear o Koh ker.

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3 comments
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  1. […] acabarían deponiendo las armas definitivamente en 1998, tras la muerte de Pol Pot y el arresto de Ta Mok. No trajeron por si solos la paz, pero permitieron, por ejemplo, la desmovilización de soldados […]

  2. […] se tomó especiales molestias para convencer a los líderes de la zona, entre ellos el implacable Ta Mok, de que era inocente (e incluso para recuperar su reloj). El francés no se imaginaba entonces que […]

  3. Interesante artículo,

    Saludos