La malaria más rebelde

25. abril 2011 | Por | Categoria: Asia, Desarrollo, Destacados


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Uno de los primeros pensamientos que tiene la mayoría de la gente cuando viene a Camboya es: ¿me voy a morir de malaria? Puede parecer una exageración, pero muchos extranjeros están realmente asustados por la posibilidad de tener el parásito. Hoy es Día Internacional contra la Malaria y aunque se habla muy a menudo de la enfermedad, se conoce poco sobre ella. La verdad es que yo sé dos cosas principalmente sobre ella: que generalmente sólo mata a gente pobre y que me preocupa mucho menos que el dengue.

La malaria es una enfermedad causada por el parásito Plasmodium y transmitida por la picadura de los mosquitos. Ocasiona episodios de fiebre muy alta y de malestar generalizado, que pueden llevar a la muerte. Sin embargo, los medicamentos se han mostrado hasta el momento bastante eficientes y es raro morir si se recibe tratamiento a las pocas horas. Lo que lleva a una conclusión lógica: los que mueren son los que no se pueden pagar los medicamentos o los que llegaron muy tarde a ellos (habitual para la gente que vive en zonas rurales aisladas).

Hay excepciones y una es especialmente preocupante: las resistencias que se han desarrollado desde los años 70 en la zona occidental de Camboya. En esta región, fronteriza con Tailandia, se han dado mutaciones en los parásitos que se han vuelto rebeldes a muchos de los tratamientos. Estas mutaciones se han expandido a lugares tan lejanos como África, lo que ha dificultado la lucha por erradicar la enfermedad.

Más allá de sus detalles médicos y biológicos, se habla mucho de la malaria, pero poco de cómo es vivir con ella. La malaria puede ser crónica, lo que implica que el parásito se queda en el cuerpo de la persona afectada, causándole crisis cuando sus defensas están bajas. Otros, sin embargo, no necesitan tener la malaria crónica para caer enfermos varias veces al año, dados los altos índices de la zona donde viven y las precarias formas de protección. Es el caso de Steung Keo, un pequeño pueblo camboyano que vive de la madera que recolecta de la selva. Para ir a recogerla, sus habitantes pasan a menudo hasta diez días en medio del bosque, sin ninguna protección contra las picaduras.

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Cada vez que vuelven de la selva, lo hacen infectados, lo que les obliga a pasarse varios días en cama con altas fiebres. Muy pocos mueren, porque el gobierno les provee de tests rápidos (como el de la foto) y de los medicamentos necesarios sin ningún tipo de coste, una medida que entra dentro de su programa para erradicar el paludismo. Muchos, sin embargo, tardan ahora más en recuperarse debido a las resistencias desarrolladas.

Los buenos resultados del programa que está desarrollando Camboya para eliminar la malaria (el año pasado sólo hubo 135 muertes) demuestra que erradicar la enfermedad o reducirla a límites cercanos a cero es posible. Sin embargo, requiere de esa receta mágica que parece que nadie sabe dónde encontrar: dinero y voluntad.

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