Impresiones de Birmania (2): Economía

30. diciembre 2011 | Por | Categoria: Birmania, Destacados


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Versión birmana de la soda (Product of Myanmar).

Pocas veces la economía de un país me ha despertado tanto interés como la birmana. Ya he comentado en más de una ocasión el peculiar aspecto sesentero que tiene el país o las razones principalmente económicas que están motivando las rápidas reformas en la dictadura militar. Pero la economía birmana tiene ciertas peculiaridades, muchas de ellas fácilmente visibles, otras no tanto, consecuencia de las medidas aislacionistas y el fuerte control gubernamental.

Birmania (o Myanmar, como se llama el país oficialmente) ha sido un economía planificada durante la mayor parte de los últimos 50 años. En 1962, tras el golpe de Estado del general Ne Win, se instauró la llamada «Vía birmana al socialismo», que mezclaba principios comunistas, el impulso del budismo y creencias numerológicas. Los cronistas aseguran que Ne Win tomaba muchas de sus decisiones en base a las predicciones de su futurólogo, con medidas tan ilógicas como cambiar de un día para otro el lado de la carretera por el que se circula, de la izquierda a la derecha, porque su astrólogo le dijo que debía «moverse a la derecha». La norma sigue teniendo sus efectos, ya que las importaciones de coches están tan restringidas que los birmanos siguen utilizando sus antiguos coches con el volante en el lado derecho, con su consecuente peligro para la circulación.

Aunque este socialismo duró hasta 1988, en 1971 ya se aplicaron las primeras reformas para facilitar las exportaciones y se pidió la entrada del país en el Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo. Tras una década de apertura, con la crisis asiática de 1997 el gobierno birmano volvió a la economía planificada, aunque de forma menos estricta que durante las primeros años de la dictadura. Pero las regulaciones socialistas ya habían paralizado la economía de una de las naciones más ricas del Sudeste asiático y el comercio internacional cayó por las dificultades impuestas por la nueva política. La situación empeoró con la imposición de las sanciones internacionales, especialmente de los países occidentales a partir de 1988, tras la violenta represión de las protestas estudiantiles de ese año.

Este aislamiento ha tenido una consecuencia que puede resultar curiosa para el viajero; existe una versión birmana de una gran cantidad de productos y los demás son importados de India, Tailandia, China y Japón, principalmente. Creo que es el único país en el que he estado en el que no he podido conseguir una Coca-Cola (aunque hay Pepsi). Ante las dificultades que tiene la industria, la economía es predominantemente agrícola y la mayoría de las fábricas no son más que pequeñas estancias donde todo se hace de forma manual.

Es, sin embargo, difícil hacer un análisis general de la economía birmana, ya que los datos son escasos y la mayoría están manipulados. Así, Birmania ha publicado cifras oficiales de crecimiento del PIB durante los últimos años de dos dígitos, con valores a menudo superiores a los de Tailandia o Malasia, aunque se cree que la tasa real se sitúa entre el 2 y 3 por ciento (Sean Turnell, pag. 2). Uno de los problemas para contabilizar las cuentas birmanas es el uso de una tasa de cambio doble con el dólar. Ahora que el gobierno ha permitido que algunos bancos privados cambien moneda extranjera, hay incluso tres tasas. La más alta corresponde al mercado negro, donde un dólar se vendía en noviembre a unos 850 kyats (las probabilidades de estafa son, sin embargo, altas). En los bancos, el cambio se hacía a unos 790 kyats por dólar, mientras que la tasa oficial es de tan solo 6 kyats.

Si se respetara el cambio oficial, que es entre 130 y 140 veces inferior al del mercado, un simple té costaría en Rangún entre 40 y 80 dólares (250-500 kyats) y una comida, unos 300 (2000 kyats). De hecho, el hotel, que se cobra directamente en dólares, sería bastante más barato. Para el visitante extranjero, este doble cambio tiene una consecuencia añadida que puede ser realmente molesta: el gobierno birmano le obligará a pagar los servicios oficiales siempre en dólares en vez de con la moneda local, el kyat. En Birmania, no vale además cualquier dólar. La más pequeña imperfección invalida el billete y además no se aceptan todas las series ni los billetes demasiado antiguos, aunque estén como nuevos. El aislamiento añade un nuevo inconveniente: las tarjetas de crédito se convierten en trozos de plástico inservibles y es necesario llevar todo el dinero en efectivo de forma previa.

Tras una hora de discusión con los funcionarios de turno para poder pagar un billete de tren en kyats, una empieza a sospechar que esto es algo más que un capricho de los oficiales. ¿Qué más les dará dólares o su equivalente en kyats? Pero entonces ¿qué tasa de cambio me aplicarían? ¿La oficial (con la que perderían dinero) o la del mercado? Porque si respetamos la tasa oficial, esto implicaría que los extranjeros pagan los servicios mucho más baratos que los locales y un billete de tren entre Rangún y Bago costaría a un foráneo 24 kyats (4 dólares) en primera clase (o 12 kyats en turista) y un local 200 kyats en turista. Y entonces ¿por qué no ponen los precios para los extranjeros directamente en kyats, aunque sea más caro? Porque así le pueden decir a la contabilidad que hay un ingreso de 6 kyats y quedarse con los 844 restantes de los 850 que vale en el mercado negro (informe de Altsean, página 2).

Esto no implica que los precios sean baratos en Birmania, aunque al turista se lo parezca. Los birmanos se quejan del constante aumento de precios, que fue la causa directa de la famosa revolución de los monjes, o Revolución Azafrán, de 2007 que fue duramente reprimida por el gobierno. El precio de los combustibles, especialmente del gas, es uno de los ejemplos más llamativos.  El gas es una de las principales exportaciones de Birmania (quizá la mayor, aunque de nuevo faltan datos) que se dirige principalmente a Tailandia, a través del gasoducto Yadana, controlado por Total y Chevron, entre otros. Pero, a pesar de las grandes reservas del país, el gas no es barato en Birmania. «En unos años el preció subió de 6 kyats por litro a los 2.000″, me decía el propietario de una fábrica de cristal destruida por el ciclón Nargis de 2008, que arrasó el sur del país y se llevó unas 100.000 vidas. «No nos costaría mucho reinstalar la fábrica, pero con esos precios del gas no podemos trabajar», explicaba.

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Una fábrica de cristal destruida por el ciclón Nargis y cerrada por el alto precio del gas.

Sin embargo, aunque Birmania siempre ocupa los últimos puestos del ránking del desarrollo, es un país con mucho potencial económico. El aislamiento ha tenido algunas consecuencias positivas, especialmente la preservación de los edificios coloniales, que pueden suponer un importante atractivo turístico, si el gobierno no decide acabar con ello. La red de infraestructuras que dejaron los británicos está relativamente bien conservada y los recursos naturales son ricos y variados.  Y una de las cosas más importantes de todas: la gente lee ¡y mucho!

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Una de las numerosas librerias que se pueden encontrar en Rangún.

 

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7 comments
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  1. Lo primero Laura, ¡Feliz Año 2012!
    Como siempre tus escritos me envuelven en el país.
    Es un verdadero regalo que nos cuentas tus impresiones.
    ¿cómo es la gente? Tienen la pinta de ser buena gente. ¿No?
    Gracias.

  2. Feliz año para ti también!! La gente es, en general, muy abierta y hospitalaria, sobre todo en provincias (si te paseas a la hora de comer todo el mundo te invita). Pero en Birmania hay que tener cuidado, nunca se sabe si alguien se te acerca por mera curiosidad o por ser un informador.

  3. Hola Laura,

    Birmania no es el único país con doble tasa de cambio aunque nunca había visto una diferencia de 6 a 850…sólo eso da una idea de la situación de la economía. Por comparación, en Argentina se pasó de 1 a 4 al devaluar; en Venezuela la diferencia real entre el cambio oficial y el real es algo parecida (unas 4 veces). Una diferencia de 130 a 1 equivale a que la moneda no vale nada para el exterior. Habría que empezar de 0, cambiar la moneda y ligarla a una moneda fuerte cercana que de confianza, por ejemplo, el yuan.

    La buena noticia es que tengo la impresión de que el régimen está muerto por la economía, nadie les ayudará sin garantías y, a diferencia de lo que sucede con los países africanos, sí hay muchos países dispuestos a ayudar a explotar los recursos birmanos. Es una salida.

    Felicidades por el blog, da gusto leerlo.

  4. Eduardo, muchas gracias por esos casos que aportas. No los conocía. Sobre Birmania, está claro que la apertura política responde a razones económicas, pero yo no soy muy optimista sobre el desarrollo futuro del país.

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  6. […] Durante los últimos meses, se ha especulado  sobre la posibilidad de que Birmania se esté encaminando hacia una democracia. Los cambios emprendidos desde la toma de posesión del presidente Then Sein en marzo de 2011 han despertado muchas esperanzas sobre un país que ha estado controlado por gobiernos militares desde 1962. El entusiasmo es tal que los países occidentales ya han empezado a levantar algunas sanciones y esperan con impaciencia las próximas elecciones parciales del 1 de abril para anular las medidas totalmente y poder entrar en el jugoso mercado birmano. […]

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