Estoy leyendo: El portal de François Bizot

31. enero 2012 | Por | Categoria: Camboya, Destacados, En portada, Jemeres Rojos, Libros sobre Asia


le portail Estoy leyendo: El portal de François BizotVuelvo con la serie de libros que estoy leyendo, aunque en este caso es una obra que ya leí hace bastante tiempo (probablemente de las primeras que leí en Camboya, aunque la leí una segunda vez un año después), pero de la que nunca había hecho un resumen. Sin embargo, me parece interesante recordar “El Portal” de  François Bizot, ya que el próximo viernes el tribunal de los Jemeres Rojos pronunciará su sentencia definitiva a Duch, el director de la terrible prisión S-21 y unos de los principales protagonistas del libro.

Bizot llegó a Camboya en 1965 para estudiar el peculiar budismo del país para la Escuela Francesa de Extremo Oriente. Su trabajo como antropólogo le llevó a viajar por todo el país y a hablar camboyano con fluidez. En uno de esos viajes, en 1971, fue capturado por una patrulla de los Jemeres Rojos, que lo retuvo durante tres meses acusado de ser un agente de la CIA. La prisión estaba bajo las órdenes de Kaing Guek Eav, alias Duch.

El país llevaba aproximadamente un año sumido en una guerra civil entre el gobierno repúblicano de Lon Nol, que había depuesto al entonces primer ministro y antiguo rey Norodom Sihanouk, y la guerrilla comunista en la que se apoyó el príncipe para recuperar el poder.

Tras su arresto, Bizot fue aislado de sus dos asistentes camboyanos que lo acompañaban y que nunca saldrían con vida. El antropólogo comenzaría entonces una extraña relación con su carcelero. Mitad interrogatorios, mitad charlas entre amigos, las conversaciones con Duch permitieron a Bizot adentrarse en la compleja psicología del personaje, de trato amable y corazón sanguinario. “Camarada, más vale una Camboya poco poblada que un país lleno de incapaces”, le decía al francés. Fue también la afable sonrisa y los buenos modales que los Jemeres Rojos mostraron en un principio los que hicieron a la población camboyana confiarse y abandonar las ciudades en dirección al campo. Una vez dispersos, toda resistencia resultaba inútil.

Tras sus tres meses de cautiverio, Bizot volvió a su vida normal con el recuerdo del aquel peculiar “amigo” que se tomó especiales molestias para convencer a los líderes de la zona, entre ellos el implacable Ta Mok, de que era inocente (e incluso para recuperar su reloj). El francés no se imaginaba entonces que Duch acabaría siendo el principal torturador de la guerrilla comunista durante los casi cuatro años que duraría el régimen de los jemeres rojos y que estaría al frente de la prisión S-21, en la que se calcula que murieron unas 17.000 personas. En todo el país, casi dos millones de personas murieron en purgas, falta de alimento o agotamiento extremo.

Su cautiverio le otorgó unos cuantos títulos que probablemente él hubiera preferido no tener. Fue uno de los primeros extranjeros en tomar contacto con la guerrilla del Jemer Rojo y en darse cuenta de su fanático plan. Fue además el único foráneo que sobrevivió a una prisión de los Jemeres Rojos, aunque no fue el único que pasó por las manos de Duch, quien exterminó a al menos 11 occidentales dentro de las paredes del S-21 y a un número indeterminado de tailandeses y, especialmente, vietnamitas.

La mayor parte de las críticas sobre el libro se han centrado en el encarcelamiento, pero la obra se divide en una segunda parte que cuenta precisamente la historia que le da nombre: la del portal. Ese portal era una de las entradas a la embajada francesa, donde se refugiaron los extranjeros y algunos camboyanos el 17 de abril de 1975, el día que los Jemeres Rojos tomaron Phnom Penh. En la toma de Phnom Penh, a Bizot le concedieron otro de sus dudosos títulos: los Jemeres Rojos lo designaron intérprete oficial. Sin embargo, al contrario de lo que muchos le han recriminado, Bizot no colaboraba con ellos y fue designado ya que era de los pocos que hablaba con suficiente fluidez ambas lenguas.

El autor francés desmiga entonces los trece días que los extranjeros pasaron dentro de las paredes de la delegación francesa, un inmenso edificio (todavía sigue estando en su emplazamiento original) que se les hacía pequeño por momentos. Las negociaciones con los guerrilleros, la organización de la evacuación a Tailandia, la decisión de quién se quedaba y quién se era entregado a los Jemeres Rojos… Finalmente, la mayor parte de los extranjeros y unos pocos camboyanos, familiares de los foráneos, fueron metidos en convoyes y enviados por carretera a la frontera tailandesa. Algunos aún se quedaron por el camino, como una muchacha embarazada, hija de francés y camboyana. “La muchacha fue arrastrada y pasó ante mí, empujada por las mujeres; me miró y sus pupilas vacías de miedo abrieron en mi cerebro dos agujeros negros que no cesan de ahondarse”, escribe Bizot.

Por si aún no tenéis suficientes ganas de leerlo, aquí podéis leer el prólogo de John Le Carré y un par de extractos. François Bizot publicó además el año pasado otro libro “Le silence du bourreau” (El silencio del verdugo) donde el autor cuenta su reencuentro con Duch en 2003, aunque esta vez el que está en prisión es su antiguo carcelero.

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2 comments
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  1. […] Reseña del libro de François Bizot, El Portal, donde cuenta su cautivero a manos de Duch […]

  2. “La afable sonrisa y los buenos modales que nos mostraron en un principio fue lo que hizo a la población confiarse y abandonar la solidaridad y el asociacionismo. Una vez dispersos, toda resistencia resultaba inútil.”

    Esto es lo que ocurre en Europa en la actualidad. Ataque a toda forma de método de asociación, ya sea política,sindical o vecinalmente. “Dientes, dientes que es lo que les jode” afable sonrisa y buenos modales de “amiguitos del alma” como arma para la total narcotización de una sociedad en estado de shock. Por supuesto no es comparable con un exterminio como el ocurrido, pero su engaño es el mismo.