Cadena perpetua a Duch: una sentencia agridulce (y contra el derecho internacional)

7. febrero 2012 | Por | Categoria: Camboya, Destacados, Jemeres Rojos


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Duch presenta sus respetos al entrar a la sala del Tribunal Internacional de Camboya. / ECCC

Como os anuncié la semana pasada, el Tribunal Internacional de Camboya pronunció el pasado viernes la sentencia firme contra Duch, considerado como el torturador jefe de los Jemeres Rojos. Erré en mi pronóstico, y la pena fue aumentada de una forma que nadie (o casi nadie) se esperaba: cadena perpetua.

El caso de Kaing Guek Eav, alias Duch, tenía ciertas complejidades jurídicas. Director de la prisión S-21, la más importante del régimen (aunque se cree que no fue en la que murió más gente), fue el primero de los jemeres rojos en ser juzgado. Eso implicaba tener que engrasar la maquinaria legal de un tribunal que es único en el mundo por dos razones: es el primero de composición mixta, inserto en el sistema judicial camboyano, pero con asistencia internacional, y además el primer tribunal internacional que admite la figura de la parte civil. La primera de estas características es la que ha ocasionado más problemas, por la falta de definición sobre cómo se debe aplicar una conjunción de tres derechos diferentes: el camboyano, el internacional y los estatutos creados ad hoc para el tribunal, que hacen de puente entre los dos anteriores.

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Duch se mostraba cada vez más preocupaba a medida que el juez leía la sentencia. / ECCC

Era además un caso con mucha fuerza simbólica ya que el S-21 se ha convertido en la representación del régimen de los Jemeres Rojos y es uno de los lugares más visitados de Camboya, tanto por extranjeros como por locales, que van a rebuscar entre las miles de fotos alguna pista de sus familiares desaparecidos. Las víctimas ya se habían mostrado decepcionadas por la anterior sentencia a 35 años de prisión pronunciada en julio de 2010 y para la mayoría solo la cadena perpetua suponía un castigo justo (algunos deseaban la pena de muerte, pero no está contemplada en los estatutos del tribunal aunque sí en el Código Penal camboyano de 1956, vigente en el momento de los crímenes).

Sin embargo, existían dos impedimentos para pronunciar esa pena máxima:  la detención ilegal de Duch, entre 1999 y 2007, por un tribunal militar y su posición clave como testigo en el segundo caso, que sienta en el banquillo a los principales líderes del régimen aún vivos. Su cooperación ha sido fundamental para determinar el papel de Nuon Chea, número dos e ideológo de la Kampuchea Democrática, en la política de seguridad del país. En la primera sentencia ambas circunstancias fueron reconocidas (más otros atenuantes); en la segunda ambas han sido denegadas.

Preocupante es sobre todola violación del derecho recogido en el artículo 9.5 del Pacto Internacional sobre Derecho Políticos y Civiles (pacto que es citado prácticamente en cada audiencia pública) que dice:

«toda persona que haya sido ilegalmente detenida o presa, tendrá el derecho efectivo a obtener reparación»

Según este principio, se podía esperar, como mucho, una cadena perpetua simbólica, pero reducida como compensación, tal y como había pedido la Fiscalía.

Sin embargo, el Tribunal ha decidido denegar ese derecho a Duch y no reducir la condena, violando así un derecho internacional. No es una buena noticia para Camboya, que ahora tendrá un argumento más para poder pasar por alto los derechos humanos ya tan maltrechos en este país.

Ahora toca elucubrar sobre las razones que han llevado a esta sentencia. La necesidad de la Corte de recuperar la credibilidad en Camboya, tras escándalos diversos de corrupción y de intervención por parte del gobierno nacional, ha sido probablemente un motivo importante de la decisión. No es descabellado tampoco pensar que el Tribunal, ahogado por los problemas financieros y las presiones exteriores, nunca llegue a terminar el segundo caso, el más importante de todos, y está sentencia es un buen golpe de efecto mediático para hacer de Duch un chivo expiatorio. Las víctimas están, sin duda, felices, aunque probablemente no hayan entendido demasiado bien las consecuencias que eso pueda tener para su sistema judicial.

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2 comments
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  1. Dentro de esta recua de villanos este tío no es el que más animadversión me despierta, quizás porque es el único arrepentido que me creo de verdad. Seguramente firmó barbaridades en la cárcel (y debe pagar por ellas), pero a todos nos hubiera gustado ver a Pol Pot ahí sentado, dando la cara.
    La pieza gorda que queda viva es el Nuon Chea, esperemos que viva para ver como le meten la perpetua y que se lleve bien clarito a la tumba como queda su nombre grabado en la historia.

    La curiosidad me ha llevado hasta aquí y me he llevado una grata sorpresa con tu blog.

  2. […] Un año importante para la justicia internacional. La Justicia Internacional recibe crítica tras críticas pero, sin duda, el 2012 ha sido uno de sus años más importantes. La Corte Penal Internacional dictó su primera sentencia contra Thomas Lubanga por reclutar a niños soldados (cargo que se añade a partir de ahora a los de crímenes de guerra). Charles Taylor, expresidente de Liberia, condenado a 50 años de cárcel por crímenes de guerra y lesa humanidad por el Tribunal Especial para Sierra Leona. Además El Tribunal Penal para la Antigua Yugoslavia ha iniciado su recta final, comenzando el juicio contra  Ratko Mladic, aunque la absolución de dos exgenerales croatas no ha sido bien recibida por todos. La nota amarga la puso el Tribunal para los Jemeres Rojos en Camboya, que este año se ha ahogado entre denuncias de corrupción y de interferencias del gobierno, de lentitud de los procesos con unos acusados muy mayores y de una sentencia firme, contra Duch, que ha violado el Derecho Internacional. […]