¿Es necesaria la democracia? El caso de Singapur

30. agosto 2012 | Por | Categoria: En portada, Singapur


singapur ¿Es necesaria la democracia? El caso de SingapurEn este blog, en más de una ocasión, hemos discutido la correlación entre desarrollo económico y democracia y sus ejemplos asiáticos. Este principio, enunciado por primera vez por Seymur M. Lipset en su obra “El hombre político” (1959), asegura que a mayor nivel económico, mayores posibilidades de que se instaure una democracia fuerte. “Cuanto más próspera sea una nación, tanto mayores son las posibilidades de que se mantenga una democracia”, decía el analista en su texto. Lipset iba más allá y aseguraba que el desarrollo económico no sólo es un factor para el mantenimiento de la democracia, sino también para su instauración.

En aquella época, la afirmación parecía cierta y las democracias iban mayoritariamente aparejadas a riqueza económica. Sin embargo, poco a poco empezaron a aparecer países, sobre todo asiáticos, que contradecían la norma y que desarrollaban sistemas democráticos relativamente sólidos a pesar de ser pobres, como India, o que experimentaron un gran crecimiento económico bajo regímenes dictatoriales.

Singapur es uno de los ejemplos más destacados dentro de este último grupo, una pequeña isla que tuvo que afrontar su aislamiento en 1965 tras las tensiones con la Federación Malasia a la que se había unido dos años antes. Singapur era entonces poco más que un conjunto de pueblos de pescadores con una ciudad algo más grande al sur, aunque con una posición estratégica envidiable, en pleno estrecho de Malacca.

Singapur supo explotar sus escasos recursos y ahora es la economía más próspera de Asia, gracias a una extraña mezcla entre paraíso fiscal y fábrica especializada en electrónica. Es además uno de los principales puertos del continente (el segundo después de Sanghai, aunque durante años fue el primero) y tiene una población envidiablemente preparada.

La democracia de rostro amable de Singapur

Pero el crecimiento económico no vino acompañado de un sistema democrático. Aunque en el país se instauró una República parlamentaria, con elecciones periódicas e inspirada en el sistema inglés, Singapur no ocultó que el término “democracia occidental” no encaja con ella. Así, el considerado como fundador del país y primer ministro desde 1959 hasta 1990, Lee Kuan Yew, se convirtió en el principal defensor de los llamados “valores asiáticos”. La hipótesis principal de Lee era que los valores de orden y jerarquía son igual de válidos para una sociedad que los de igualdad y que el autoritarismo puede, además, beneficiar el crecimiento económico. Su base, sin duda, no eran unos valores asiáticos en sí (poco tiene que ver Kazasthan, India o la propia Singapur), sino el confucianismo imperante en China y en los países que en uno u otro momento de la historia han estado dentro de su órbita. La teoría de Lee ha cobrado fuerza últimamente debido a la competencia económica entre India y China, en el que esta última ha tomado ventaja.

En lo que respecta a Singapur, esto llevo a la implantación de lo que se ha llamado “autoritarismo benigno” o una dictadura de rostro amable. “El control político es tan sofisticado que es difícil de percibir”, asegura Tan Wah Piow, un disidente y antiguo líder estudiantil que vive en el exilio en Gran Bretaña. Las manifestaciones están prohibidas y la oposición es reducida por el partido principal, el Partido de Acción Popular (PAP). El sistema electoral sigue siendo además tremendamente desigual (aunque en las últimas elecciones ha habido algunos cambios que han hecho perder escaños al PAP), por lo que las posibilidades de la oposición se reducen aún más. Birmania asegura que su internet es más libre que el de Singapur (es posible que ahora sea cierto, en cualquier caso la censura de Singapur es mucho más sofisticada), y es imposible encontrar ningún libro sobre política del país que no haya escrito Lee (había dos o tres más en la librería más grande de la ciudad).

La población ha aceptado de buena gana este acuerdo y se ha volcado en disfrutar de su envidiable nivel económico a cambio de no cuestionar el sistema político. Las calles están limpias, apenas hay delincuencia y siempre hay tiendas abiertas. Algunos aseguran que los singapureños no están interesados en política y que solo quieren vivir bien, pero otros lo achacan a la represión. “Hay un elemento de miedo que está siempre presente”, afirma Teo Soh Lung, candidata en las elecciones de 2011 por el Singapore Democratic Party.

En cualquier caso, ha sido la economía la que ha hecho aumentar las tensiones. Un programa del gobierno destinado a atraer a ricos extranjeros ha convertido a Singapur en uno de los países con mayor renta per cápita del mundo pero también ha hecho aumentar los precios al mismo tiempo que los salarios de los locales no se incrementaban. “Creo que los jóvenes no se van a resignar y van a pedir mayor transparencia”, continúa Tan Wah Piow. “Lee Hsien Loong (actual primer ministro e hijo de Lee Kuan Yew) no tiene la imagen de su padre”. Singapur cuenta además con un motor escondido, un 30 por ciento de su mano de obra procedente de países menos desarrollados de la zona y que realizan las tareas más penosas al tiempo que cobran casi 10 veces menos que los locales. Este podría ser otro motivo de tensión dentro de la ciudad-estado.

¿Es entonces la economía, la cultura o las dos cosas? El propio Lipset corrigió después su teoría y aseguró que el componente económico es importante en una democracia, pero que el verdaderamente determinante es la cultura. ¿Qué pensáis vosotros? Dejo el debate abierto.

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7 comments
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  1. No cabe duda que Singapur tiene sus luces y sus sombras.
    Como turista he ido varios años (mi hija vivía allá) con estancias de un mes y tengo que decir que me encuentro libre y contento en este país. Salgo de día y de noche, hago deporte en sus innumerables parques, la gente es muy amable, sean singapurenses, malayos o hindús (o tailandeses , que también los hay) todo está limpio, hay orden y concierto.
    Quizá el hecho de ser viejo hace que piense que en Singapur hay todas las libertades, para la gente normal…..quizá.
    Me gusta Singapur
    Excelente post
    Saludos

  2. La democracia por sí misma ayuda a la economía, en el sentido de que hay unas leyes claras. Si además es fuerte y estable, llega la inversión extranjera. Esto es indiscutible.

    También hay que decir que en algunos países asiáticos se ha conseguido una estabilidad dentro de las dictaduras. El principal revulsivo para que una dictadura caiga, la mecha que suele hacer que todo prenda, es la poca calidad de vida de la población. ¿Pero qué pasa cuando las cosas se sostienen y la mayoría de la gente vive más o menos bien? Que hay demasiadas cosas que perder.

    Ningún padre de familia va a ir a una revolución cuando puede dar de comer a su familia, cuando no falta de nada. Al final, el cambio acaba siendo una quimera que sólo es perseguida por los estudiantes y los idealistas. Pero falta lo esencial, el apoyo del pueblo.

    En Asia, hay algunos países, sobre todo los que viven de exportar, que han conseguido economías fuertes a pesar de ser auténticos regímenes dictatoriales de cara dulce. La pregunta es… ¿Aguantarán cuando vengan mal dadas? Si el número de habitantes – y su calidad de vida – crece (lo habitual cuando las cosas funcionan), llegará un momento en el que alcancen al llamado “primer mundo”, y tal vez no puedas competir a costa de vender barato.
    Será entonces cuando la pirámide se caiga.

    Me gusta mucho tu blog.

  3. Muy interesante este post. El problema de las democracias es muchas veces la protección de una minoría perjudica a la mayoría, y lastra el avance de toda una nación. Tenemos muchos ejemplo de esto en España. Otro problema es que la elección de los gobernantes (y por tanto de sus políticas) se deja en manos del pueblo, que no está preparado para tomar ese tipo de decisiones. Los gobernantes entonces se dedican a contentar al pueblo (a corto plazo), en vez de buscar el avance del país y el auténtico bienestar de su población (a largo plazo). De esto también tenemos muchos ejemplos en España.

    Con esto no quiero decir que la democracia sea mala, ni mucho menos, pero sí es cierto que no es un sistema perfecto. Como se suele decir, la democracia es el menos malo de los sistemas políticos.

  4. Hay un tema más que no mencionas, y es que Singapur es minúsculo. Es muy fácil de gobernar y de mantener a la gente contenta.
    Por otro lado, mientras que en Occidente somos más individualistas y por lo tanto valoramos más la libertad, en Asia son más comunitarios, con reglas sociales muy rígidas, y quizás una “dictadura de rostro amable” es algo que no les es extraño.
    De hecho, las otras economías fuertes de la zona como Japón o Korea son algo extrañas también para nuestro modelo de política. Cuántas veces se ha dicho que Japón no encuentra a un líder carismático precisamente por su cultura sumisa.
    El único riesgo es que la vaca deje de dar leche o que las desigualdades crezcan, como apuntas.

  5. Muchas gracias por vuestros comentarios.

    Gildo, lo cierto es que en Singapur hay pocas libertades, pero, como dice Tan Wah Piow, los mecanismos son muy difíciles de percibir. No se puede ejercer la crítica contra el gobierno, pero esto pasa desapercibido porque la calidad de vida es mucho mayor que en países como Birmania. Yo intenté encontrar libros sobre política de Singapur allí. Imposible encontrar nada que no estuviera escrito Lee Kuan Yew o contuviera la palabra milagro en el título. Hay cámaras por todos lados y las multas son desproporcionadas. Cualquier movimiento de oposición, aunque sea estudiantil, es aniquilado.

    Macarroni, Singapur sin duda ha alcanzado ya el primer mundo y sigue siendo competitiva, precisamente por su modelo de electrónica+finanzas (y ahora se les ha sumado el juego, con dos casinos). En parte, como dice Sirventés, es por su tamaño. España es además un ejemplo de que cualquier sistema político se tambalea cuando la economía no acompaña.

    Felipe, sí, es cierto que la democracia no es perfecta y que además hay muchos tipos de democracia. Aunque comparto con Macarroni en que uno de sus fuertes suele ser (no siempre) que sus leyes son más claras y menos discrecionales. Ya solo por esa razón, muchos empresarios prefieren hacer negocios con democracia. Eso sí, a menudo los problemas son más sencillos de solucionar en muchos de estos países, aunque inevitablemente la solución pasa por el soborno.

    Sirventés, sin duda, el tamaño de Singapur es un elemento clave de su modelo, pero hasta cierto punto, creo que la reflexión sirve también para otros países más grandes como China, en el que el crecimiento económico ha conseguido apaciguar otras reivindicaciones políticas.

  6. Hola, un artículo muy interesante.

    En mi opinión es la cultura y no la economía lo que hace más o menos atractiva la democracia, un concepto occidental. Singapur es chino y para los chinos la democracia no es tan importante. Han vivido toda su historia, bajo sistemas políticos, me refiero a los Imperios, que controlaban la economía y la sociedad a través de grandes administraciones centralizadas y eficientes (bastante más que sus contemporáneas europeas) y ese pasado es importante para ellos. Creo que Occidente, con sus guerras, sus disturbios sociales, sus idea (el comunismo, entre ellas) les parece algo ajeno e inapropiado para su cultura.

    Por otro lado, y Singapur es un ejemplo, los chinos siempre han sido grandes comerciantes. Tienen una visión de los negocios más asociativa, menos individualista que en occidente, que se fundamenta en el apoyo de familiares y amigos. La familia es sagrada, el centro de todo, y el robo o el engaño están muy mal vistos, de ahí que nadie se queje por la represión sobre el crimen. Singapur es un ejemplo increíble de desarrollo económico que combina liberalismo en lo micro y una dictadura en lo macro, algo imposible de replicar en occidente porque el individuo es el centro de la cultura occidental. Personalmente no me gusta nada la forma de vida en Singapur pero a ellos sí. Y hablar de libertad si no existe desarrollo quizás es un poco absurdo.

    Un saludo

  7. Tuve la suerte de vivir en este país una temporada, y aunque la experiencia en sí fue estupenda, casi desde el principio se podía respirar en el ambiente esa sensación de calma tensa, ese aire denso que no sabes muy bien si te apacigua o te asfixia. Está claro que hay una parte de la sociedad que vive extremadamente bien (de raza china mayormente), y nadie puede negar que es uno de los países más seguros del mundo (los niveles de delincuencia son muy bajos y es frecuente ver las líneas de sucesos rellenas con hechos tan nimios como robos por descuido de un teléfono móvil o algún asiático arruinado expulsado del casino…) pero esa sensación de que algo se está cociendo, ese mirar para otro lado cuando una furgoneta pasa por delante cargada con sesenta bangladesíes de vuelta de 14 horas de trabajo, ese cambiar de conversación cada vez que algún tema de política surge en la mesa… Está claro que todo al final tiene un precio, y a la población singapurense se la calla con buenas infraestructuras, limpieza, seguridad y crecimiento. La duda es, es ese el precio que estaríamos dispuestos a pagar nosotros?