Por qué la liberación de Ieng Thirith es una buena noticia para Camboya

19. septiembre 2012 | Por | Categoria: Camboya, Destacados, Jemeres Rojos


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Ieng Thirit en una sesión del Tribunal Internacional de los Jemeres Rojos./ ECCC

El Tribunal Internacional que juzga a los Jemeres Rojos liberó el pasado domingo a Ieng Thirith, antigua ministra de Asuntos Sociales bajo el régimen comunista que gobernó Camboya entre 1975 y 1979 y que costó la vida a casi dos millones de personas. La medida ha causado cierto desconcierto tanto dentro como fuera de Camboya y muchos no han entendido por qué se ha permitido que uno de los pocos acusados que quedan haya sido liberado.

El Tribunal Internacional abrió sus puertas en 2006 después de años de negociaciones entre la Comunidad Internacional y Camboya. La demora se debió tanto a las exigencias camboyanas, pero muy fundamentalmente a las internacionales (chinas y estadounidenses), que querían asegurarse que las investigaciones no salpicaban a su relación con la historia del Sudeste Asiático durante la segunda mitad del siglo XX. También a que los jemeres rojos no habían sido totalmente derrotados, aunque esto se debía, de nuevo, al apoyo que seguían recibiendo del exterior, principalmente de Estados Unidos.

Su primer caso, el de Duch, comenzó en 2009 y terminó, con la resolución del recurso a su primera sentencia, en febrero de 2012. Poco antes, en noviembre de 2011, empezaba el caso más importante de todos, el que sentó en el banquillo a los líderes aún vivos: el número dos e ideólogo de la organización, Nuon Chea; el exjefe de Estado, Khieu Samphan; el ministro de Exteriores, Ieng Sary y la propia Ieng Thirith, mujer de este último.  Están acusado de acusados de genocidio, crímenes contra la humanidad y de guerra. Por el camino había muerto el hermano número uno del régimen comunista, Pol Pot, que nunca llegó a ser apresado por las autoridades camboyanas, y otros líderes destacados, como Ta Mok, el hermano número 3, que falleció en prisión en 2006.

Ieng Thirith ha estado bajo observación médica durante varios años para determinar si padece algún tipo de enfermedad degenerativa causada por la edad. Finalmente, varios médicos expertos han coincidido en que la exministra padece de algún tipo de demencia, probablemente alzheimer, que reduce su capacidad cognitiva. Sus abogados han asegurado que les es imposible preparar una defensa, ya que la acusada no es capaz de dar datos relevantes ni comprender el proceso al que está siendo sometida.

El tribunal ya había declarado a Ieng Thirith incapaz el pasado mes de noviembre, pero en aquella ocasión decidió mantener a la acusada bajo custodia en espera de ver si había alguna mejoría. En realidad, los médicos ya habían asegurado que era algo poco probable, pero el tribunal decidió no liberarla para evitar los titulares sensacionalistas que podrían empañar su imagen.

Esta vez ha prevalecido el derecho, algo que no suele ocurrir a menudo en Camboya. El sistema de justicia camboyano es uno de los más corruptos de Asia y las decisiones se toman según los intereses del gobierno o del que más pague. De hecho, también el Tribunal Internacional, que es en realidad una Sala nacional auspiciada por Naciones Unidas, lo ha violado, cuando condenó a Duch a cadena perpetua pero le denegó una compensación por un periodo de detención ilegal que sufrió, violando sus derechos básicos y el  Pacto Internacional sobre Derecho Políticos y Civiles. Que el tribunal haya decidido liberar a Ieng Thirith a pesar de la polémica porque es lo que estipula el derecho es una buena noticia.

La liberación tampoco ha levantado mucha polvareda en el país. Lo cierto es que los juicios han despertado poco interés en Camboya, a pesar de que ha sido el Tribunal Internacional que más se ha volcado en darse a conocer entre la ciudadanía. Cuando se declaró a Ieng Thirith «incapaz» por primera vez, pregunté a varias personas, en Phnom Penh y en provincias, si sabían quién era. Ninguno lo sabía. La mayoría sabe quién es Pol Pot pero sobre todo son capaces de identificar a los que directamente mataron a sus familiares y que en muchos casos, siguen viviendo entre ellos. La mayoría ve el componente de justicia que supuestamente el Tribunal pretende ofrecer alienado, ya que los juicios no se dirigen contra los que ellos realmente desearían ver en el banquillo. Hay además cierto hastío entre la población, para quienes no es necesario un procedimiento tan largo para probar algo que es evidente: son culpables.

No obstante, muchos han reconocido que entendían la decisión del tribunal, especialmente las partes civiles, aquellas personas que han presentado su demanda particular ante el tribunal, por primera vez en una instancia internacional de este tipo. DC-CAM, la principal iniciativa de documentación del genocidio camboyano, realizó una selección de comentarios de algunas de las víctimas sobre la liberación de Ieng Thirith. La mayoría se mostraba de acuerdo con la decisión tomada por el tribunal, dado que la acusada tiene una enfermedad mental.

Pero es cierto que hay un componente de vergüenza en todo esto, pero no por la parte de los jueces. La liberación de Ieng Thirith es consecuencia de la falta de compromiso del gobierno camboyano y de la comunidad internacional que, por una u otra razón, han estado retrasando los procedimientos durante más de 30 años. Ahora es el gobierno del primer ministro Hun Sen el que pone las principales trabas, al negarse a que haya nuevas investigaciones o a testificar cuando la corte se lo requiere. La situación es preocupante porque, al igual que Ieng Thirith, todos los acusados superan los 80 años de edad y el tribunal se arriesga a quedarse, al final, sin ningún acusado.

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