Cinco claves de la crisis política en Tailandia

3. abril 2014 | Por | Categoria: Destacados, En portada


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Artículo publicado originalmente en Miradas de Internacional

Ya no sale en las portadas de los medios internacionales, pero la crisis política tailandesa está lejos de acabarse. El Tribunal Constitucional acaba de declarar las últimas elecciones, celebradas el 2 de febrero, inválidas y grupos pro-gubernamentales y anti-gubernamentales han anunciado grandes protestas para el próximo fin de semana.

Es una crisis que parece no tener fin y que ha resurgido de forma cíclica desde 2006 cuando el entonces primer ministro, Thaksin Shinawatra, fue depuesto en un golpe de Estado militar. La crisis ha evolucionado y los líderes y alianzas han ido cambiando con el tiempo pero los aspectos fundamentales – casi todos – han permanecido invariables. Repasamos aquí los cinco cuestiones principales en el transfondo de este conflicto.

1. ¿Cuáles son los grupos enfrentados en Tailandia?

Una de las particularidades del conflicto en Tailandia es que enfrenta claramente a dos grupos divididos con apoyos más o menos importantes dentro de la sociedad. No se trata de un conflicto por la legitimidad del Estado, sino por la del grupo que ocupe en cada momento la jefatura de Gobierno. Es la principal razón por la que las manifestaciones han sido cíclicas; si un grupo ocupaba el gobierno, se manifestaba el contrario, y lo mismo cuando el otro grupo alcanzaba el poder.

Estos grupos se han dado a conocer por el color de su indumentaria como camisas rojas o camisas amarillas. La prensa ha representado generalmente al grupo de los camisas rojas como seguidores de Thaksin, habitantes de las zonas más pobres del norte y el este del país y pertenecientes a las clases más bajas; mientras que los camisas amarillas son los detractores del antiguo primer ministro, pro-monárquicos, clase media y alta de Bangkok y habitantes del sur. Sin duda, esta representación es limitada y en ambos grupos se puede encontrar perfiles que deberían, supuestamente, encajar en el grupo opuesto.

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El académico David Streckfuss asegura que es más importante el elemento regional que el de clase – los resultados electorales sin duda sugieren esa idea (ver mapa) – y los dibuja de la siguiente manera: “Un primer grupo cree en las elecciones, está contra el golpe de Estado y se fía cada vez menos de la imparcialidad de las llamadas agencias independientes”, explica el autor de La verdad a juicio en Tailandia: difamación, traición y lesa majestad. En este grupo se incluirían los habitantes del norte, noreste y sur profundo que se caracterizan sobre todo por hablar “idiomas diferentes al tailandés” y que incluye también a los llamados camisas rojas. “[El segundo grupo] desconfía del gobierno electo y su única esperanza es conseguir poder a través de un golpe de Estado o tener un papel importante en la elección del Primer Ministro en funciones”, continúa. Son los manifestantes que ocupan ahora las calles de Bangkok y que en su mayoría son urbanitas, de clase media y alta, aunque también proceden de zonas rurales del sur del país.

De nuevo, las matizaciones son necesarias. Muchos rojos apoyan la democracia más como un instrumento que como una verdadera creencia, puesto que su número es mucho mayor y les ha permitido, siempre que no hubiera acciones externas de tribunales o ejército, conformar mayorías de gobierno desde 2001. Por otra parte, muchos amarillos se han insertado en ese grupo como respuesta a la alta corrupción que ha estado a menudo asociada al gobierno de Thaksin o de sus seguidores – Thaksin vive en el exilio para evitar una condena de dos años de cárcel por corrupción – y no por un deseo explícito de minar el proceso democrático. En definitiva, la democracia es débil en Tailandia y ambos grupos han puesto sus propias zancadillas.

2- ¿Por qué surgió la crisis?

Que en Tailandia, como en la mayoría de países, existen dos grupos muy diferenciados por sus recursos y posibilidades no era algo nuevo cuando las primeras protestas contra Thaksin surgieron en 2005. Pero fue precisamente Thaksin quien conectó con ese electorado que hasta entonces había sido apartado del poder y se convirtió en su “representante oficial”, ofreciendo por primera vez en una campaña electoral un programa que se centraba en medidas políticas reales, según cuentan Chris Baker y Pasuk Phongpaichit en su biografía sobre el ex-primer ministro. Muchas de estas medidas han sido criticadas como populistas, aunque en buena parte sean similares a las que se ponen en práctica en muchos países occidentales, como un sistema sanitario barato o programas de desarrollo económico rural. Otras alimentaron la corrupción y el gasto inútil de fondos públicos. El académico Duncan McCargo explicaba el papel de Thaksin de la siguiente manera en un reciente artículo en Foreign Policy: “Ahora que los votantes del norte y el noreste han sido mobilizados para votar como un bloque, las clases medias de Bangkok y sus aliados del sur se enfrentan a la perspectiva real de que nunca más podrán elegir a un gobierno de su agrado”.

Lo cierto es que la opción política más próxima a los amarillos, el Partido Democráta, no ha conseguido ganar ningunas elecciones generales desde el año 2001, el primero en que Thaksin se hizo con el poder. No obstante, Thaksin no sólo tuvo en su contra a la clase media-alta, también decepcionó a muchos activistas, periodistas y académicos, a los que reprimió duramente durante sus – casi – dos mandatos, como también cuentan Baker y Pasuk.

3. El papel de la monarquía y la sucesión real

Algunos analistas han apuntado a una crisis sucesoria dentro de la monarquía tailandesa como causa real de la actual crisis política. Durante los últimos sesenta años, lo que ha mantenido la coherencia del país ha sido su rey, Bhumibol Adulyadej, un hombre venerado por la práctica totalidad de los tailandeses. Pero tras más de seis décadas de reinado y con una frágil salud a sus 86 años de edad, la cuestión sucesoria es un tema controvertido, sobre todo porque el supuesto heredero, el príncipe Vajiralongkorn, no disfruta de la popularidad de su padre. Sin embargo, es un asunto del que no se puede hablar libremente debido a la dura ley de lesa majestad que pesa sobre el país. Por otra parte, también hay académicos que niegan que la monarquía esté en el centro de la crisis, puesto que ha perdido gran parte de poder que tenía.

4. El papel de la Constitución

La Constitución de 2007 explica en buena parte cómo Tailandia pasó de ser el modelo democrático del Sudeste Asiático a un país con serios problemas de gobernabilidad. La Constitución de 1997, la llamada “Constitución del Pueblo” por ser mucho más democrática que sus predecesoras, cambió las reglas del juego y preparó el camino para que Thaksin pudiera llegar al poder y hacerse fuerte. Esta Constitución daba más poder a los organismos de control, así como al Ejecutivo, y minaba el control que la élite tradicional había tenido sobre la política.

Tras el golpe de Estado, la Junta militar aprobó una nueva Carta Magna que desharía el camino andado, facilitando además el uso de los tribunales para influir sobre la vida política del país. El senado dejaría además de ser un cuerpo electo  t casi la mitad de los diputados son ahora elegidos por “personalidades”.

5. ¿Es posible un golpe de Estado? El papel de los militares

Los militares han tenido un importante papel en la política de Tailandia desde la caída de la monarquía absoluta en 1932 y han protagonizado 18 golpes de Estado – exitosos o no – desde entonces. La sombra del golpe de Estado, por tanto, a menudo sobrevuela la política del país asiático. Sin embargo, tras el golpe de 2006, la élite ha primado el uso de los tribunales para deshacerse de los gobiernos de los camisas rojas y es posible que utilice algún método de este tipo en esta ocasión, puesto que la primera ministra, Yingluck Shinawatra, hermana del depuesto primer ministro, y varios miembros de su partido político tienen varias causas abiertas.

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  1. Te voy a presentar el Reino de la Ridiculez le dice Adriana a Gabriel y juntos van al Reino de la Ridiculez (sacado de obra literaria de Alberto Mancebo). La realidad tailandesa hace acordar a ese cuento. Un partido que se llama Partido Democrático que quiere un gobierno provisorio por tiempo indeterminado que no sea elegido por votaciones. Que partido democrático más bárbaro, más genial, increíble. Un partido llamado Partido Democrático que abiertamente combate la democracia. Pero bueno hay ya una tradición, con un rey que escribía canciones de como había que eliminar a la izquierda (bien democrático no?). Cuanta gente se ha tenido que esconder en la selva como resultado de los asesinatos y persecuciones a estudiantes en los años 70nta. Ese Reino de la Ridiculéz no tiene mucho que envidiarle a Pinochet y gente de ese tipo. Hablar contra ese ridículo y venerado rey puede llevar a la cárcel, pero frenar el sistema democrático donde se “se le pasa por encima” a las mayorías en una manera tan bastardamente horrible, no lleva a ninguna pena, porque incluso los posibles juicios están en manos de gente de tipo antidemocrático también. “La razón de la sinrazón que con la razón se traba” decía Cervantes. Pasa muy bien acá. No tengo grandes esperanzas para la primera ministro, y no opino ni bien ni mal de ella, pero fue elegida en forma democrática y quienes combaten la democracia como lo hacen deberían ser castigados con el peso de la ley.