Las viudas del conflicto tailandés

6. mayo 2014 | Por | Categoria: Destacados, Tailandia


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Marisa Samahae es una profesora de primaria en un pueblo del sur de Tailandia cuyo marido fue asesinado por la insurgencia como represalia por colaborar con el gobierno./ Biel Calderón

La última vez que Rosida vio a su marido con vida, él se despidió sin decir a dónde iba. No era extraño, era la hora del rezo y solía ir a la mezquita del pueblo. Pero pasó la noche fuera. La siguiente vez que supo de él fue en las noticias del día siguiente, cuando su nombre saltó como uno de los insurgentes musulmanes asesinados por los militares en la mezquita de Kruse, una de las más antiguas de Tailandia. Era el 28 de abril de 2004.

Pocos meses antes del incidente de Kruse, en enero de ese mismo año, un ataque a un depósito de armas del ejército marcaba el resurgimiento de un movimiento separatista – aunque se habían dado pequeños altercados desde el 2001 – en las provincias del sur de Tailandia (Pattani, Narathiwat, Yala y, en menor medida, Songkhla), las únicas de mayoría musulmana en un país en el que el budismo, a pesar de no ser la religión oficial, es impulsado por las instituciones. Renacía así un conflicto no cerrado y poco conocido fuera del Sudeste Asiático a pesar de haberse cobrado la vida de cerca de 6.000 personas en los últimos diez años.

La defensa de la cultura del sur, muy diferente a la del resto del país, ha sido el motor del conflicto. Los habitantes del sur profundo, algo menos de dos millones, además de profesar una religión distinta, pertenecen en buena parte a una etnia minoritaria en el país, la malaya, hablan un dialecto del malayo, frente al tailandés que se utiliza en las otras provincias, y son herederos del antiguo sultanato de Patani, que Tailandia anexionó a principios del siglo XX. El centralismo de la capital, Bangkok, y sus intentos de homogeneización cultural nunca fueron bienvenidos en el sur y los primeros movimientos insurgentes aparecieron en los años 50. En los 80, la creación del Centro Administrativo para las Provincias Fronterizas del Sur (SBPAC en sus siglas en inglés), una especie de gobierno regional con mayor autonomía, apaciguó las tensiones y la insurgencia desapareció. Sin embargo, la llegada de Thaksin Shinawatra al poder en 2001 hizo resurgir a los movimientos separatistas que se han cobrado cerca de 6000 vidas en los últimos diez años.

Kruse fue uno de los incidentes clave de esos primeros meses de insurgencia que confirmaron el resurgimiento del conflicto en el sur de Tailandia. Treinta y dos personas fueron asesinadas – insurgentes según las autoridades, simples civiles según muchas de las familias de las víctimas –, después de un ataque a una base militar que se encuentra a pocos metros del templo.“Yo no sé por qué mi marido fue allí. Sólo sé que no hacía falta disparar. Nosotros podríamos haberles convencido de que salieran [de la mezquita]”, asegura Rosida Da-oh, quien tuvo que hacerse cargo de sus cinco hijos tras la muerte de su marido, uno de ellos, un bebé de tan sólo 10 meses.

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