¿Cuáles son los antecedentes de las protestas de Hong Kong?

30. septiembre 2014 | Por | Categoria: China, Destacados


No suele fallar. En cuanto la policía saca el gas lacrimógeno y utiliza la fuerza para dispersar unas protestas, éstas pasan a ocupar las portadas de los medios internacionales. Hong Kong no ha sido una excepción. Sin embargo, el movimiento, que han bautizado como la Revolución de los Paraguas, no ha surgido de la nada. Tan sólo este año, Hong Kong ya vio una de las mayores manifestaciones de su historia, celebrada el 1 de julio, poco después del referendum consultivo sobre la reforma política. Estas son algunas de las claves de los antecedentes de las protestas que estos días llenan los informativos:

1. Todo empieza con una promesa. Hasta 1997, Hong Kong fue una colonia británica. En los años 80, Pekín y Londres acordaron la devolución del enclave a China, pero esta última se comprometió a respetar las libertades de la antigua colonia, en el conocido como “un país, dos sistemas”. Se aprobó entonces la llamada Ley Fundamental (Basic Law) que incluía una decisión del Congreso Nacional del Pueblo en la que aseguraba que las elecciones a jefe del Ejecutivo en 2017 serían por sufragio universal. Durante las últimas cuatro elecciones, el jefe del Ejecutivo ha sido elegido por un comité designado por Pekín.

Hecha la norma, hecha la trampa. Pekín se ha comprometido a respetar la votación, pero la Ley Fundamental es mucho más vaga sobre cómo deben ser seleccionados los candidatos. Por lo que decidieron controlar esa parte.  Así, aunque el artículo 26 de la Ley Fundamental concede a todo residente permanente la facultad de presentarse a las elecciones, lo supedita a lo que marque la ley. El artículo 45 añade además que “el fin último es la selección del Jefe Ejecutivo por sufragio universal bajo la nominación [realizada] por un comité de nominación ampliamente representativo de acuerdo a procedimientos democráticos”. No hay una definición, sin embargo, para ese comité de nominación. La respuesta la dio Pekín cuando el pasado mes de agosto anunció un plan para las elecciones de 2017 según el cual sólo podrían presentarse a las elecciones dos o tres candidatos, que tendrían que ser antes aprobados por un comité especial que estaría bajo el control del gobierno central.

2. El malestar hacia China lleva años gestándose. La cuestión de la identidad de los hongkoneses ha sido clave durante estos años. Según esta encuesta de la Universidad de Hong Kong, la identidad que ha prevalecido durante los últimos años ha sido la de hongkonés y entre un 60 y un 70% han asegurado durante los últimos 17 años (desde 1997) que esa nacionalidad estaba por encima de la china. Según la última encuesta realizada el pasado mes de junio, un 40% se considera hongkonés ‘a secas’ y niega la identidad china (uno de los más altos de la serie – para ver la serie en grande, pinchar aquí).

 

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Pekín ha intentado expandir su sistema de educación a Hong Kong, precisamente para que los hongkoneses se sientan más chinos. Pero la medida se encontró con la oposición de los estudiantes. De hecho, uno de los líderes de estas últimas protestas, Joshua Wong, de 17 años, ya se hizo famoso hace dos años cuando lideró otras protestas para evitar una nueva asignatura impuesta por Pekín sobre identidad nacional y morales.

Occupy Central, uno de los movimiento que ha organizado estas últimas protestas, tampoco es nuevo. Liderado por el académico Benny Tai, ya fue responsable del referendum (no oficial) sobre la reforma política celebrado entre el 20 y 29 de junio de este año. Las protestas pro-democracia tampoco son una novedad. El referendum fue de hecho convocado sólo unos días antes del 1 de julio – día en el que Hong Kong fue devuelta- , fecha en la que cada año se ha organizado una manifestación que en buena parte pretendía recordar a Pekín sus promesas.

Por otra parte, la creciente inmigración de la China continental hacia Hong Kong también ha hecho incrementar las tensiones. Un caso peculiar es el de las madres chinas que viajan a Hong Kong para dar a luz, no sólo para beneficiarse de la mejor asistencia, sino del derecho de residencia que obtienen los allí nacidos.

3. Hong Kong se ha convertido en una válvula de escape en China. Hong Kong ha disfrutado durante los últimos años de mayores libertades que el resto de China, sobre todo la libertad de asociación y de expresión. Y por ello, se ha convertido en una válvula de escape para expresar ciertos asuntos políticos que son reprimidos en el continente. Un buen ejemplo de ello es la ceremonia que cada año se celebra en Hong Kong para conmemorar la masacre de Tiananmen. No obstante, dada la censura dentro de China, el ejemplo probablemente no llegará demasiado lejos.

4. Hong Kong está dividida. Las protestas van más allá de ser un simple descontento con el poder central de China. La propia Hong Kong está dividida por sus propias preferencias políticas y, sobre todo, por su estatus económico. (En el gráfico se puede echar un vistazo rápido a 1) el crecimiento económico de Hong Kong; 2) la inversión directa de Hong Kong en China continental; 3) la desconfianza hacia el gobierno de Pekín; y 4) el apoyo al movimiento Occupy Central  – gráfico del Wall Street Journal).

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En el gráfico falta un dato fundamental, el de la brecha entre ricos y pobres. Hong Kong es una de las ciudades más prósperas del mundo, pero también tiene una de cada cinco personas viviendo bajo el umbral de la pobreza. El índice de Gini, que mide las desigualdades, ha aumentado durante los últimos años, y no sólo porque se ha incrementado el número de millonarios, sino también porque los ingresos del 10% más pobre se han reducido un 16% entre 2001 y 2011, según el gobierno.

En la cuestión política, también hay una división. Hace escasos días, se publicó una encuesta de opinión de la Universidad de Hong Kong, realizada para el South China Morning Post, sobre la propuesta de Pekín para 2017. Un 48% la rechaza y un 39% se conforma (No obstante, la misma universidad realizó días después otra encuesta para otro medio con una pregunta ligeramente diferente. En este caso el 44% se mostró de acuerdo al plan de Pekín y un 36% se opuso). De nuevo, la Universidad de Hong Kong ha realizado esta serie (fuente aquí) sobre la opinión hacia el “Un país, dos sistemas” y hasta qué punto piensan que sus derechos serán respetados por Pekín:

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Las calles son otro termómetro. Varios grupos contrarios al Occupy Central, como el Silent Majority for Hong Kong o el Caring Hong Kong Power, organizaron una contramanifestación el pasado mes de agosto a la que acudieron miles de personas.

5. Al final, la cuestión es qué control quiere tener Pekín sobre Hong Kong. El sistema de “Un país, dos sistemas” estaba en un principio garantizado hasta 2047 (es decir, durante 50 años). Pero parece que Pekín no quiere esperar tanto. Varios analistas coinciden en que las protestas podrían beneficiar a Pekín porque podría utilizarlo como una excusa para intervenir directamente. Por ello, los manifestantes están extremando las precauciones para que no haya violencia en las concentraciones. Son los más pesimitas, algunos de los cuales evocan incluso la posibilidad de que una masacre como la de Tiananmen se repita. Los más optimistas, sin embargo, creen que será Pekín quien retroceda.

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  1. Sigo pensando y no esta de acuerdo en el término nacionalidad para referirse a los hongkoneses puesto que es algo tan abstracto y tan poco reconocido incluso por ellos cuando afirman no ser chinos del continente sino chinos de Hong Kong. Y pese a que se declaren hongkoneses en vez de “chinos” no significa el término nacionalidad a lo que estamos acostumbrados en occidente. Creo que ese es uno de los problemas, verlo siempre desde nuestra perspectiva.

    El problema principal aquí es que no sé sinceramente y a la espera de que acabe esto, que le venga bien al Partido Comunista para acelerar su control total sobre Hong Kong, algo que espera China -en todas sus vertientes: imperio, república, república popular- desde hace casi 200 años. Estas protestas e intentos de desestabilizar casi coinciden, un año después con la puesta en marcha de la Shanghai Free-Trade Zone, que convierte esa zona de la ciudad en un territorio con sus propias reglas económicas y puede, en el futuro, desplazar a Hong Kong. Por ahora con sus 29 km2, pero con la intención de expandirse.